YO PARA SER FELIZ QUIERO…

CAMION

¿Qué es lo que necesitas para ser feliz? Es una pregunta que me hice hace algún tiempo y que me encargo de recordármela de vez en cuando. Animo a mis amigas y familiares que se la hagan y que respondan con total sinceridad para que puedan perseguir sus sueños, para que sepan si van por el camino adecuado; o las prisas del día a día, las responsabilidades del trabajo, las obligaciones de la casa y los y las hijo/as, etc las llevan por el camino que termina en otro fin.

Pensé durante una temporada que mi respuesta era la adecuada: “Disfrutar de lo que hago”. Pensé que mi camino era el correcto. Me sentía bien, aprovechaba cada minuto, disfrutaba cada tarea. Hasta que me di cuenta que la frase no estaba completa. Faltaba la otra mitad. Me valía para tener muchos momentos felices al cabo del día, pero no para lograr mis sueños. Para eso la respuesta era: “saber hacer lo que no me gusta”.

Porque sino, tendemos a no hacer aquello que no nos gusta, a dejarlo para mañana porque ahora voy a disfrutar. Y terminamos dejando las cosas a medias, sin llegar a nuestros sueños.

Tan importante como saber disfrutar de lo que hacemos, es saber hacer lo que no disfrutamos.

Texto: Judith Reguero

Fotografía: Raquel Reguero

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ESCUELA DE PADRES

ESCUELA DE PADRES

No me voy a poner a escribir sobre palabras discriminatorias o sexistas (tengo claro que aquí “padres” se utiliza de forma genérica) pero, cuando hablan de Escuela de Padres siempre me hago la misma pregunta: “¿Por qué no van padres a la Escuela de Padres?”.
Habitualmente, tanto en las Escuelas de Padres como en charlas o talleres sobre crianza o en los foros o blogs de internet sobre hijos, solo se oye la opinión y experiencia de las madres (Se que hay algún padre que acude y se implica como el que más, que no se sienta ofendido, por favor).
Creo que la visión que tienen los padres y las madres sobre este tema es diferente. Probablemente los sentimientos generados sean similares pero, la manera de gestionarlos y expresarlos es diferente. Las veces que he escuchado a un padre su punto de vista he aprendido mucho.
Me gustaría que participaran más en estos foros. Aprenderíamos mucho los unos de las otras y las otras de los unos. Nos entenderíamos mejor e iríamos más en unión a la hora de estar con nuestros hijos. Y ya sabéis: la unión hace la fuerza. Pero esa ya es tema de otro texto.
Texto y fotografía: Raquel Reguero

HAMBRE DE CARICIAS

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Claude Steiner, Doctor en psicología, habla de que las caricias son tan importantes como el comer y el beber para lograr un bienestar. Y estoy de acuerdo. Sin embargo he apreciado que a medida que envejecemos nos acariciamos menos. En mis cinco años de experiencia trabajando con personas mayores, aprecié que lxs mayores apenas se acarician, y que apenas acariciamos a lxs mayores. La gratitud que recibes cuando lo haces es inmensa, como si de verdad tuvieran hambre de ello.

Es triste ver cómo en centros residenciales, la comunicación escasea, más todavía cuando viven personas con deterioro cognitivo. En muchas ocasiones lxs familiares no saben cómo relacionarse con esxs mayores a los que ya no reconocen. Yo simplemente les animo a que les acaricien, les toquen, les abracen, les besen. A que calmen su sed y su hambre.

Texto: Judith Reguero

Fotografía: Raquel Reguero

COMPARTIENDO

CAFE

El otro día quedé con mis amigas alrededor de una taza de café con leche, descafeinado. Hacía un par de meses que no conseguíamos un hueco en nuestras agendas.
Una de mis amigas nos contó lo vacía que se sentía en su trabajo. Lo frustrada y poco valorada que se encontraba. Estuvo durante un buen rato hablando de su situación laboral y sobre cómo le estaba afectando anímicamente.
Las demás nos limitamos a escucharla y a entenderla. Nada de consejos.
Según fue avanzando la tarde, y con esa facilidad que nos caracteriza a las amigas para hablar sin parar, otra amiga nos contó lo feliz e ilusionada que estaba con su nueva relación.
Las demás nos limitamos a escucharla y a entenderla. Nada de consejos.
A la hora de despedirnos, mi amiga de la crisis laboral nos comentó lo bien que se sentía después de haber “descargado” su mochila emocional.
Mi amiga de la nueva relación dijo que se sentía mejor que cuando había llegado por haber compartido con nosotras su alegría.
Y las demás nos fuimos con muy buena sensación ya que habíamos ayudado a dos amigas, y ellas, a su forma, nos habían ayudado a nosotras.
¡Qué bueno es compartir todas nuestras emociones! Hay días que nos apetece compartirlas con amigos pero, también hay ocasiones en las que tratarlas ante desconocidos nos aporta nuevas perspectivas. Lo más saludable es expresarlas.

Texto y foto de Raquel Reguero

Saber decir NO

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No voy a entrar ahora a analizar cuántos “no” es capaz el cerebro de asimilar. Tan sólo comparto esta reflexión con vosotrxs. Reflexión que hice hace ya un par de años cuando en una clase a la que acudía profesora y alumnxs coincidían en que a los niños de hoy en día no se les dice a nada que NO.

SABER DECIR NO

-Buenos días princesa, ¿qué tal has dormido? Venga vamos a hacer txisa(pis en euskera).

-No, no tengo ganas, a desayunar.

-NO, que luego se te escapa, lo primero a hacer txisa. Ya verás cómo la potxeta tiene un montón.

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Desayuno

-Naia, NO cojas el tazón así que se te va a caer todo. NO eches tanto colacao. Venga, NO tardes que nos cierran la ikas y tengo cosas que hacer.

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Vistiendo

-Quiero los zapatos.

-Cómo vas a ir con zapatos si te he puesto chándal, con zapatos NO puedes ir, te pongo las deportivas.Venga corre que tengo que dar teta a tu hermano.

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En la calle.

-No quiero la burbuja.

-Pues mala suerte, está lloviendo y NO puedes ir sin ella que te mojas.

——–

Recogiendola de la ikastola

-¿qué tal te lo has pasado?

-Bien, quiero apis.

-NO, apis NO puedo llevarte que llevo a tu hermano en la mochila, andando.

Anda ven, que te pongo el gorro.

-Sin gorro

-NO, sin gorro NO puede ser que hace frio y luego coges otitits. Venga metete en la silla.

-Quiero andando.

-NO, hoy no puedes, que vamos a casa de los abuelos a comer y sino no llegamos, vamos en tranvia y se escapa, siéntate anda.

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En la parada.

-Quiero galletitas.

-NO, ahora no, que dentro de poco hay que comer y sino luego no tienes hambre.

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En el tranvía.

-Quiero sentarme en esa silla.

-Bueno, pero si no viene nadie; si viene otro nene te sientas en tu silla

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En casa de los abuelos

– Naia, NO chilles que está tu hermano dormido.

Naia, NO saltes en el sofá.

Naia, NO cojas con la mano el filete

Venga a echar la sieta

-No, no tengo sueño.

– NO puedes estar sin echar la siesta, que estás muy cansada. NO así no, meteté en la sábana y tapate para no coger frio.

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Merienda

NO, no tienes natilla, tienes fruta

Jugamos a pintarnos la cara

-Quiero ir a la calle así, pintada de Hello Kitty.

-Vale…

-Al parque

– NO, al parque no, que tenemos que hacer recados.

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En la tienda

-Me gustaa esta camiseta roja y esta azul.

-A mí la azul.

– Vale, pues te cojo la azul. Vamos a casa.

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En casa.

– Naia, NO puedes estar con la ropa de la calle, ponte el pijama.

NO, a jugar no a bañar

NO, ya está no puedes estar más tiempo en el agua

NO, yogurt no, ahora tienes leche.

-quiero en esa taza.

-vale…

NO, ahora a lavar los dientes. NO, a la cama

Un cuento

– NO, otro no, que mañana hay que madrugar. Ya está. Te quiero, un beso. Hasta mañana.

  • Lo que piensan en el tranvía: “le dejan hacer lo que quiere, la niña debería ir sentada en su silla”.
  • Lo que piensa mi madre: “y la niña sale pintada así a la calle. Mi hija no sabe decirle que no. Si ahora va así ya veremos como va cuando tenga 15 años”.
  • Lo que piensan en la tienda: ” y la niña decide con dos años lo que le compran. No le ponen límites”.
  • Lo que piensa mi marido: “ Eres muy blanda, qué es eso de que decida la taza en la que quiere tomar la leche”.
  • Lo que pienso yo: “23 NOes en un día. Creo que sé decir No.”

 

Imagen: Raquel Reguero

Texto: Judith Reguero

SLOW

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Simplemente leer sobre el Movimiento Slow me provoca tranquilad. El solo hecho de escuchar las experiencias de personas que practican este Movimiento, me produce sosiego. Pensar en que es posible una vida Slow me da esperanza.
Para quien no sepa de qué estoy hablando, os contaré de manera muy resumida en qué consiste este Movimiento. Estamos acostumbrados a hacer las cosas lo más rápido que podemos para realizar muchas tareas (incluso varias a la vez). De esta manera, ni lo hacemos todo lo bien que somos capaces de hacerlo, ni disfrutamos todo lo que podríamos disfrutar de nuestros actos.
En contraposición a esta práctica, el Movimiento Slow propone dedicar a cada cosa el tiempo que se merece, el tiempo que requiere. Si un tomate necesita varias semanas para madurar y nosotros lo cogemos antes de darle todo su tiempo, ¿qué ocurre. ¿Cómo de sabroso estará?
Si queremos comer lo antes posible para seguir haciendo otra tarea y tragamos casi sin masticar, ¿cómo nos sentará esa comida?, ¿Cómo será nuestra digestión?
Si leemos ese cuento que tanto le gusta a nuestro hijo lo más rápido posible porque queremos acabar cuanto antes e ir a limpiar el baño, ¿Cuánto habremos disfrutado de ese momento especial?. ¿Y cuanto le habremos hecho disfrutar a nuestro hijo?
Cada cosa requiere un tiempo y, si queremos conseguir un equilibrio y un bienestar, es necesario respetar esos tiempos. Rapidez cuando es necesaria pero, también calma cuando el momento lo requiere.

 

Autora del texto y fotografía: Raquel Reguero

PERDÓN

 

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Llevábamos ya un rato todos tranquilos. Es lo que tienen los viernes a última hora de la tarde, que ya todos estamos cansados y cualquier cosa nos hace explotar. A mi hija de cuatro años y medio, ya se le había pasado el berrinche porque su primo no le había dejado pintar en la tablet a Peppa Pig. Ya le había conseguido convencer de que pintar en papel con rotuladores o témperas era mucho más divertido. Asi que en eso estaba ella, pintando en papel su dibujo de Peppa Pig que previamente yo había calcado. De repente su hermano de casi dos años quiso plasmar su vena creativa y pintó una raya en el dibujo. Pensé que el fin del mundo había llegado a mi casa: gritos, lloros, rabia, enfado, frustración… Había estropeado SU dibujo. Le intenté dar mil alternativas: pintamos otro, lo intentamos borrar, pintamos encima para disimular… nada de eso le servía. “¿qué podemos hacer entonces para que te sientas mejor? La raya no va a desaparecer”, le dije. “ Que me pida perdón. Que me pida perdón sin reírse” .Esas pequeñas cosas son lo que me hacen pensar que vamos en buena dirección. La mejor respuesta que me podía dar.

Autora del texto: Judith Reguero

Autora fotografía: Raquel Reguero