VIOLENCIA DE GENERO (II)

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La charla sobre maltrato en parejas jóvenes me hizo recordar otra historia que viví cuando tenía unos 20 años.
Conocí a una pareja donde él era tan controlador que le miraba la factura de móvil todos los meses para comprobar a quien llamaba. Cuando no reconocía el número, él mismo llamaba para comprobarlo. Esto lo viví yo en primera persona.
Un fin de semana fuimos un grupo de amigos de excursión y entre ellos se encontraba Susana pero su novio no pudo venir. Hubo un momento en que yo necesitaba llamar a mis padres y ella me dejó su móvil. Pasadas unas semanas, mis padres me dijeron que habían recibido una llamada un tanto extraña de un chico que preguntaba haber si yo vivía allí pero que no quería hablar conmigo, simplemente quería confirmar que esa era mi casa.
Atando cabos descubrí quien había realizado la extraña llamada y me pareció tan enfermizo que se lo conté a Susana. Cuál fue mi sorpresa cuando ella me dijo que ya lo sabía porque ella estaba delante cuando su chico llamó. Era algo que hacía cada vez que llegaba la factura del teléfono.
¿Qué os parece? ¿Qué tipo de relación es esa donde no hay confianza? ¿Cómo se puede convivir con alguien que controla todos nuestros movimientos?

Tengo que confesaros una cosa. Os he mentido. Quien controlaba en esta pareja no era él sino ella. Ella revisaba la factura del teléfono y hacía las llamadas. ¿Qué os parece ahora? Quizás no sea tan habitual pero también ocurre y no hay que olvidarse de ellos.
Como ya os comenté, la charla fue impartida por una feminista en activo y eso se notó claramente en sus argumentos. El peligro de posicionarse en los extremos, como en este caso en el feminismo, es que se pierden muchos otros puntos de vista y matices. Es como elegir el color negro y no ver que muy cerca existe una variedad de grises e incluso un abanico más amplio de colores si abrimos nuestro campo de visión. Nos pueden gustar o no pero, están ahí y es absurdo negarlo.
Al seguir una teoría tan feminista parece que solo existe la violencia de género ejercida desde el hombre hacia la mujer. Es cierto que se conocen más casos de este tipo, pero también existe el caso contrario.

“Somos, ante todo, criaturas del universo: completas, bellas y perfectas en cada detalle, siguiendo los deseos del infinito. Así pues, nos merecemos por derecho natural ser amados y respetados, y es nuestro deber no aceptar nada más”. La Princesa que creía en los Cuentos de Hadas de Marcia Grad.

Texto y fotografía por Raquel Reguero

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