Cómo ser sincero sin ser brutal

CAM01054

Nos hablaba Raquel el lunes del miedo a las discusiones. Hoy seguimos con un tema relacionado. Ella se centraba en cómo actuamos cuando tenemos un conflicto con una persona. Yo os quiero hablar de cómo reaccionamos cuando una persona (familiar, un amigo,etc) nos cuenta una experiencia desagradable para ella. ¿Cómo actuamos? ¿Decimos lo que realmente pensamos? ¿le damos la razón porque es nuestro/a amigo/a? ¿guardamos silencio?

Mucho se habla de empatía cuan se hace referencia a las habiliades sociales y a la inteligencia emocional. Y es verdad que es un tema fundamental. Sin embargo la empatía no está reñida con la asertividad. Otra habilidad social esencial.

Entendemos por empatía la capacidad de ponernos en el lugar de la otra persona, por lo cual logramos entenderlo en mayor medida y evitamos realizar juicios de valor. ¿Significa eso que debemos estar siempre de acuerdo con nuestro interlocutor? Definitivamente, no. A pesar de ser empáticos podemos defender nuestras propias creencias, opiniones y pensamientos.

Esta habilidad es sumamente importante en las relaciones sociales, pues consiste en defender lo que pensamos sin agredir al otro.

¿Cómo hacerlo? Te propongo algunos consejos:

  • Reconoce sus sentimientos. Puede que no estés de acuerdo con su conducta pero sin embargo reconoces que ante x situación sintió x emoción.
  • Hazle ver que entiendes su situación aunque no la compartes.
  • Utiliza un tono amable, no agresivo, para que la otra persona no se sienta atacada.
  • La comunicación no verbal también debe ser suave (gestos suaves).
  • Hazle ver los datos objetivos de la situación.
  • Da la razón a la otra persona en lo que consideras que la tiene.
  • Si te convence de su opinión, házselo saber abiertamente. No consiste en tener siempre la razón, consiste en saber expresar nuestras opiniones.

Y  ten en cuenta, que ser una persona asertiva nada tiene que ver con ser desagradable, y cabezona.

No es tarea fácil, sin embargo, como con todo iremos mejorando con la práctica.

Siempre hay una forma de ser sincero sin ser brutal” Arthur Dobrin.

Texto: Judith Reguero

Fotografía. Judith Reguero

Anuncios

CÓMO SUPERAR EL MIEDO A LA DISCUSIÓN

CONFLICTO

El miedo es el sentimiento de inquietud provocado por la presencia de un peligro real o imaginario. Podemos apreciar en nuestro cuerpo algunos signos como temblor, sudoración o taquicardia.

El miedo es necesario para la supervivencia. Sin él muchas de nuestras conductas serían temerarias con una alta probabilidad de no tener un final agradable. Por ejemplo cruzaríamos la carretera sin mirar si circulan vehículos.

En este sentido cierto nivel de miedo es necesario pero el problema llega cuando el nivel es excesivo. Podemos llegar a paralizarnos como ocurre en el caso de las fobias. Una persona con agorafobia, por ejemplo, es incapaz de salir de casa por el miedo que le produce la situación.

Hoy quería hablaros de un miedo concreto: El miedo al conflicto o la discusión.Cuando nos encontramos ante un conflicto hay personas que prefieren dejarlo pasar, no hablar del tema, ignorarlo como si así fuera a desaparecer. A veces no afrontamos un conflicto por miedo a dañar la relación ¿Pero es que la relación no se ve afectada por nuestro silencio?

Evitar los problemas no ayuda a solucionarlos. Ignorar el conflicto para evitar una discusión lo que hace es acumular tensión y estrés. Se va haciendo una “bola”. ¿Os acordáis cuanto erais pequeños y se os hacía bola el filete? Pues el conflicto es un trozo de filete. Si lo empiezas a masticar cuando es pequeño con un poco de agua y sin mayor dificultad lo puedes tragar. Pero si dejas el trozo seco en la boca, como si no pasara nada, y metes otro y otro… al final se hace una bola imposible de tragar.

Un conflicto es una oportunidad para transformar la situación. Aprovechémoslo. Lo primero será elegir el momento adecuado para tratar de solucionar el conflicto y lo segundo escoger las palabras adecuadas. La estructura mágica para resolver conflictos es la siguiente: “Cuando te comportas de esta manera, me siento así. Necesito esto y por eso quisiera pedirte esto”. Y os digo que es mágica porque funciona. Funciona tanto con conflictos entre adultos como cuando tenemos diferencias con nuestros pequeños. Quizás al principio te resulte extraño hablar así porque no estás acostumbrado pero, después de una poco de práctica te saldrá de forma natural. Merece la pena intentarlo. Es mucho lo que puedes ganar.

¿Cómo afrontas tú los conflictos? ¿Te dan miedo? ¿Los ves cómo una oportunidad o un fracaso?

“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son.” Tito Livio

Texto: Raquel Reguero
Fotografía: Nuria Siete

CÓMO MANTENER LA CAPACIDAD DE COMUNICACIÓN AL HACERNOS MAYORES

_DSC1627_

La entrada de hoy va dirigida a las personas mayores y sus familiares. En los más de cuatro años que me dediqué a dinamizar un curso/taller de prevención de la dependencia, siempre comenzaba el curso preguntando a los participantes qué consideraban que era el envejecimiento. En todos los grupos  recibí la misma respuesta: la pérdida de todas las capacidades. Bajo mi punto de vista el envejecimiento es mucho más que eso (ya lo comentaré en otro post), sin embargo es cierto que una de las características del envejecimiento es la pérdida de las capacidades: físicas, sensoriales y cognitivas.

Cuando hablamos de deterioro cognitivo nos suele venir a la mente los conceptos de memoria y atención. Y aunque esté relacionado con esto, hoy quiero hacer énfasis en la pérdida de la capacidad de comunicación, en el lenguaje.

A medida que nos hacemos mayores nos cuesta más comunicarnos, encontrar las palabra adecuadas para expresar nuestras ideas, pensamientos o deseos.

Estos son algunos signos del deterioro en el lenguaje:

  • Dificultad para encontrar palabras o cambiar una por otra.
  • Invención de palabras.
  • Dificultad para la expresión.
  • Reducción significativa de cantidad y calidad de conversación.
  • Decir cosas sin sentido.
  • Falta de atención en la conversación.
  • Malinterpretación.

Si tenemos un familiar mayor debemos comprender que es normal que su capacidad de comunicación también sufra un deterioro. En función del tipo de deterioro (leve, moderado o grave) nuestra actitud deberá cambiar con el fin de mejorar la comunicación verbal. Escoger palabras sencillas, frases cortas, evitar hablar como si fuera un bebé, repetir cuantas veces sea necesario, etc son algunos de los consejos que nos dan los especialistas.

Sin embargo, ¿Cómo podemos mantener o mejorar nuestra capacidad de comunicación? Pues como casi todo en esta vida es practicando, estos sencillos ejercicios pueden ayudar:

  • Si eres una persona que vive sola, intentar fomentar las relaciones. Comunicarse con familiares y amistades por teléfono; acudir a alguna actividad que se realice en grupo.
  • Leer es una actividad que se aconseja con el fin de no perder vocabulario.
  • Realizar crucigramas y sopas de letras. (Con estas actividades también trabajará la memoria y la atención).
  • En los talleres yo siempre aconsejaba a los y las participantes escribir un diario, (actividad con la que trabajarás la memoria, la atención la psicomotricidad y el lenguaje). A la hora de escribir tenemos que hacer un esfuerzo en terminar las frases, en ponerlas con sentido, en orden, en buscar las palabras adecuadas, en utilizar sinónimos.

Pongamos en práctica estos sencillos consejos/ejercicios  e intentemos mantener la capacidad de comunicación de nuestros mayores para que sigan vistiendo sus pensamientos.

“ El lenguaje es el vestido del pensamiento” Samuel Johnson.

Texto: Judith Reguero

Fotografía: Nuria Siete

 Si quieres atención personalizada para ti o tu familiar, o perteneces a una institución y deseas un Plan de Intervención no dudes en ponerte en contacto con nosotras.

8 RAZONES PARA REALIZAR MANUALIDADES (Aunque seamos adultos)

Manualidades

Las manualidades parecen cosa de niños pero no lo son, los adultos deberíamos practicarlas también. Se trata de dedicarse a una tarea activa y productiva, a diferencia de ver la televisión, que aporta numerosos beneficios. Entre ellos vamos a destacar ocho:

Fortalecemos nuestra capacidad de concentración y atención. Con tantos estímulos a los que estamos expuestos constantemente nos resulta difícil mantener nuestra concentración y esto puede repercutir negativamente en nuestra vida, tanto laboral como personal. Así que nos interesa fortalecer dicha capacidad de concentración.

Es el antídoto al estrés. Nos permite relajarnos durante el momento que estamos realizando la manualidad y más.

Es una gran fuente de satisfacción. Nos permite reforzar nuestra autoestima al completar un trabajo.

Ayuda a expresarse y compartir sentimientos. A través de las manualidades nos comunicamos tanto o más que con las palabras.

Favorece el desarrollo de la actividad mental ya que nos encaramos a un desafío cada vez que elegimos realizar una manualidad.

Fomenta las relaciones sociales, incluso aunque no practiquemos en grupo, el tema de las manualidades puede facilitar relaciones con otras personas que las practican.

Impulsa el aprendizaje. Quien practica una manualidad tiende a buscar más información sobre nuevos materiales, técnicas, fuentes de inspiración…

Hay multitud de manualidades que podemos realizar. Aquí citaré solo algunas de ellas para comenzar con el listado que podéis ampliar vosotros:

• Tejer, tricotar, hacer ganchillo… Se pueden hacer desde bufandas hasta amigurumis (simpáticos muñecos de ganchillo).
• Restaurar muebles.
• Construir con materiales reciclados.
• Fofuchas.
• Scrapbooking.
• Modelar cerámica.
• Crear con abalorios.
• Hacer jabón.
• Hacer velas.
• Origami.
• …

Y entre tantas manualidades, ¿cómo eliges la tuya? Unos consejos:

• Es importante que tengas en cuenta tus gustos personales aunque no sea algo típico o frecuente. Los demás pueden dar ideas pero debes ser tú quien elijas.

• Fíjate en el presupuesto que tienes. No todas las manualidades requieren el mismo desembolso.

• Ten en cuenta el espacio del que dispones para realizar la manualidad.

• Presta atención a lo fácil que te resulta aprenderlo. Si es muy difícil, en lugar de relajarte te estresarás.

• Según tu personalidad. Puedes ser activo o pasivo, preferir estar solo o en grupo…

¿Practicas alguna manualidad? ¿Cuál es tu favorita? ¿Qué te aporta?

“Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa.” Mark Twain.

Texto de Raquel Reguero

Fotografía de Nuria Siete

¿ES EL ABURRIMIENTO ALGO NEGATIVO?

aburrimiento

Se dice que el aburrimiento es un sentimiento de fastidio causado por no tener nada que nos distraiga o divierta.

Entiendo que cuando el sentimiento de aburrimiento se cronifica y da lugar a alguna enfermedad como la depresión o incluso la ansiedad (dependiendo del tipo de aburrimiento que tengamos), sí puede considerarse un problema. Pero hoy os hablo de esos momentos, cortos en la mayoría de los casos, en los que nos aburrimos.

“ ¿Tú no te aburres nunca?” me pregunta mi pareja de vez en cuando. Nunca, nunca, no; a veces sí que me aburro; pero pocas veces, la verdad. Yo lo achaco a que en mi infancia mis padres no me llenaron las tardes y los fines de semana de actividades extraescolares y de tareas. Aprendí a que el aburrimiento no es algo negativo, sino una oportunidad. Es una oportunidad para fomentar la creatividad y para disfrutar de nada, de todo.

Normalmente cuando sentimos que el aburrimiento se apodera de nosotros, buscamos mil cosas para hacer: hablar con amistades, leer, cantar, bailar, cocinar, practicar algún deporte, limpiar, estudiar, etc. Soy de las que piensan que para combatir el aburrimiento no hace falta hacer, hace falta ESTAR. Estar en el aquí y ahora, o en los recuerdos, o en el futuro. Estar disfrutando del silencio ,o del ruido, según el momento.

Asi que cuando mi hija me dice: “ama, me aburro” , yo le contesto: “ Osea, que ahora puedes pensar en lo que te gustaría hacer; ahora puedes observar lo que los demás hacen y dicen, ahora puedes mirar cómo el viento mueve las hojas de los árboles, y cómo las nubes hacen formas en el cielo; ahora te puedes imaginar las historias más maravillosas; ahora puedes crear la manualidad que tanto te apetecía; ahora puedes estar.”

Sin embargo es verdad que los y las niñas no tienen la capacidad de terminar con el aburrimiento tan fácil cómo los mayores, ya que no disponen de tantos recursos como nosotros. Por este motivo, aconsejo que tengan al alcance sus juguetes, materiales para hacer manualidades, sus libros para leer, etc. Quizás el aburrimiento no sea algo negativo para ellos, quizás sea una oportunidad para fomentar la imaginación, la creatividad, para aprender a disfrutar de las pequeñas cosas, para aprender que no hace falta hacer todo el rato.

“ Hay algo de dulce y sosegador, y sobre todo de sabio, en eso que los hombres de mundo llaman aburrirse” Miguel de Unamuno

 

Texto: Judith Reguero

Fotografía: Nuria Siete

MIO, TUYO O DE QUIEN LO NECESITE. PRESTAR, DEJAR O SIMPLEMENTE USAR.

MIO, TUYO

Llevo ya mucho tiempo dándole vueltas al tema de las posesiones y al hecho de dejar/prestar “nuestras” cosas. Hay mucho escrito sobre este tema: Se dice que a los niños pequeños les cuesta mucho dejar “sus” cosas o por lo menos entender ese concepto. Hay quien dice que no hay que obligarles a dejar “sus” cosas hasta que ellos mismos estén preparados. Otras opiniones, menos respetuosas, dicen que hay que “enseñarles-forzarles-obligarles” a dejar las cosas ya de bien pequeños… Hay opiniones para todos los gustos.
Yo quiero ir un poco más allá con este tema. ¿Realmente es necesario que las cosas (de cada miembro de la familia) tengan un propietario? ¿No sería mejor que quien necesite algo lo use y si no se está usando lo pueda usar otro? ¿Realmente hace falta tener que pedir permiso para usar algo que nadie esté usando? ¿Por qué decimos los adultos por ejemplo, “mi taza” en vez de “la taza azul” o “la roja”?

A ver si me explico. Es evidente que usamos las palabras mio, tuyo, suyo, mi, tu, su… por inercia, inconscientemente. Yo me pregunto si no las usamos demasiado y sin necesidad. Hace años en casa también habían cosas sólo de Ainara o de Urtzi (Naikari aún no había nacido) pero a raíz de tener varias experiencias negativas con respecto a las posesiones me plantee un cambio radical de enfoque. Yo solía decir que esto es de Ainara o esto es de Urtzi y que se tenían que pedir permiso respectivamente para poder usarlas. No obstante, no me mantenía muy fiel a ello. Algo dentro de mi me decía que era “ridículo”, innecesario tener que pedir permiso para usar algo que nadie usaba simplemente por que en su día alguien se lo hubiese regalado a uno o a otro o por que uno lo había pedido el año pasado y ya tenía que ser suyo de por vida. ¿Realmente necesitan los niños saber que poseen algo en exclusiva? ¿En que les beneficia eso? ¿No les acarrea más problemas que otra cosa, esa actitud? Creo que somos los adultos los que realmente fomentamos ese sentimiento de posesión sobre las cosas al decir que algo es mio o tuyo en vez de ahora lo estoy usando yo y ahora tu y luego nadie, o sea lo puede usar el que lo quiera o necesite. Nuestro ejemplo y modo de hacer les influencia mucho. Personalmente, mis hijos nunca han tenido muchos problemas en dejar “sus” cosas. Quizás cuando eran muy bebés pero se les pasó enseguida. En cambio, sí he visto niños con un gran sentimiento de posesión. He estado observando este comportamiento durante años hasta llegar a la siguiente conclusión: Lo fomentamos y provocamos nosotros, los adultos, sin ser del todo conscientes. Cuando nuestro hijo tan solo tiene un año o dos y le decimos que esto o aquello essuyo, le hacemos dependiente de ese objeto y si encima cuando va al parque y ve algo de otro niño y lo coge le decimos: “Eso no es tuyo, no lo cojas, es de ese nene”. El niño interpreta y aprende que las cosas se poseen y uno tiene el poder de decidir no dejarlas aun que no se estén usando. ¿Qué hará entonces nuestro hijo? Pues, agarrase a lo suyo y no querer dejarlo. He visto ocasiones en que un niño está en un parque tan tranquilo jugando con algo solito y viene otro niño y coge su triciclo, patín, pelota… y empieza a jugar con el y la madre va a su hijo y le pregunta si le deja al niño jugar con su pelota, patín, triciclo… El niño, que ni tan siquiera se había dado ni cuenta, automáticamente responde que no. Es la actitud de la madre la que provoca en el niño ese “no”. Ella le da ese poder de decisión (la opción de decir no) al niño al preguntarle si se lo quiere o no dejar cuando ni tan siquiera se dio cuenta. Es como si el niño pensara: “Ah, pero… ¿puedo decidir no dejárselo aun que no lo necesite? Pues… entonces… no, no se lo dejo”. Al cabo de los meses y años, ese mismo niño puede un día llegar al parque y darle “su” bici a su madre y decirle que se asegure de que nadie la toque. La bici se pasa la tarde apoyada en el banco sin que nadie la disfrute. Claro que la bici es del niño pero podemos verlo de otro modo. El niño es quien la ha pedido y quien tiene la preferencia para usarla. Pero si un hermano u otro niño (amigo o no) la quiere o necesita, personalmente, pienso que debería poder usarla siempre y cuando no la esté usando nadie. Deberíamos poder usar y disfrutar de las cosas en vez de poseerlas sin más. Cuando les damos a los niños el “poder” de decidir si dejar algo o no aun que no lo estén usando no les hacemos ningún favor, en mi opinión. ¿Por qué un niño tiene la necesidad de no dejar algo que no está usando o necesitando? ¿Qué hay detrás de ese comportamiento? Cuando actuamos así es por que en el fondo los queremos respetar pero confundimos el respeto con fomentar otro tipo de valores. Les podemos respetar igualmente sin fomentar la posesividad por el simple hecho de haber comprado algo. Yo lo veo parecido a lo de fomentar la competitividad en el juego preguntando quién gana o quién ha perdido. Muchas veces los niños ni se plantean eso. Volvemos a ser los adultos quienes les “enseñamos” lo que precisamente, a veces, queremos evitar. ¿Por qué algo es más nuestro que del tendero, del fabricante, del diseñador… por el simple hecho de haber pagado 30 euros por ello? ¿Eso hace que yo tenga el poder total y absoluto para decidir que nadie puede usarlo o tocarlo sin mi consentimiento? ¿Por qué no simplemente usarlo mientras lo necesitemos y luego pasárselo a alguien más?

Nosotros tenemos muchas cosas recicladas, de segunda mano, prestadas, regaladas… en casa. La ropa de mis hijos va de persona en persona. La prima mayor se la pasa a Ainara y luego pasa a Naikari. Hay ropa que la pueden usar las dos. La ropa no es de Ainara o de Naikari. Simplemente Ainara la está “usando” ahora, antes la “usaba” su prima y el año que viene la usará Naikari si aún se puede llevar. Con todo lo demás pasa lo mismo. Urtzi es quien pide, necesita, desea los dinosaurios, los puzles, las pelotas, el violín… pero si él no lo está usando cualquiera puede usarlo sin tener que pedirle permiso. ¿Por qué iba él a tener el poder de decidir quién puede y quién no puede usar o disfrutar de algo que él no está usando ni necesitando en ese preciso momento? ¿A caso se puede alguien sentir bien viendo que alguien quiere usar algo que no necesitamos y negárselo? ¿En qué lugar queda la empatía? Lo único que sí intentamos respetar en nuestra casa es si alguien quiere o necesita ese “algo” en concreto que pidió en su día pues se lo devolvemos (dejamos de usarlo). Al no tener ese “poder”, alternativa para poder no dejar algo aun que no se use, casi nunca hay disputas por nada. Nadie le quita las cosas al otro sin más o por que son “suyas”. Ese argumento no vale, no tiene peso. Puede pasar que dos quieran algo al mismo tiempo pues ellos mismos suelen decidir que quien lo pidió en su día tiene preferencia o un rato cada uno… De hecho está en la casa gracias a que alguien lo pidió y de este modo todos podemos disfrutar de ello.
Habrá quien no estará de acuerdo con este planteamiento y quizás estará pensando: “Yo no dejo mi coche, ni mi ropa, ni mi…”a cualquiera aun que no lo necesite o no lo esté usando”. Supongo que la mamá que piensa así es la misma que le dice a su hijo/a que si no quiere dejar algo que no lo deje aun que no lo esté usando. Yo sí he dejado ropa y seguiría dejándola si no la voy a usar. También deje mi coche (de soltera) durante un año entero a un chico africano del pueblo por que nunca lo usábamos (siempre usábamos la furgoneta). Mucha gente no se podía creer que le hubiese dejado a Meisa el coche sin más. Lo único que le pedí, fue que si lo necesitábamos nosotros algún día me lo dejase y que no quería que lo usara los fines de semana más que para ir a trabajar. No queríamos que lo usara para ir de fiesta con los amigos. Se lo dejábamos para ir a trabajar y comprar. Un sábado me llamó al timbre tarde de noche para decirme que su hermano llegaba el domingo al aeropuerto de Barcelona (vivimos a hora y media de Barcelona) y me preguntó si podía ir a buscarle. Podía haber ido y seguro que no me hubiese dado cuenta pero no lo hizo. Al cabo de un año lo necesitamos y él se compro un coche igual. El día que me lo devolvió me dijo con lágrimas en los ojos que estaba muy agradecido y que nunca nadie había hecho algo así por él o confiando en él de ese modo… Yo también me emocioné. Mis hijos estaban presentes. Ellos lo vieron tan natural: “No usábamos el coche, él lo necesita, pues se lo dejamos”.

Creo que no hacen falta muchas más palabras, ¿verdad?

No hace falta que dejemos nada valioso para dar ejemplo a nuestros hijos. La verdad es que nunca me hubiese planteado prestar nada “mio” para demostrar nada, simplemente ocurrió y lo hice sin más.
Un día hablando sobre este tema con mi pareja, me dijo que cómo iba a dejarles usar el ordenador del trabajo o una herramienta peligrosa. No tenemos que dejarles usarlo todo. Podemos explicarles que ese ordenador es muy importante y que no nos podemos permitir que le ocurra nada malo. Dar esa explicación no es lo mismo que decir: “El ordenador de papá no se toca” o “No puedes usarlo ya que es de papá”. No pueden usar el ordenador del trabajo por que es muy delicado no por que sea de papá. De igual modo que no pueden usar la sierra eléctrica por que es demasiado peligrosa, no por que sea de papá o mamá. Si hay un hermanito/a pequeño/a en la casa pues más de lo mismo. No podemos dejar que rompa o estropee algo. Pero, repito que no es lo mismo decir: “no se toca por que no es tuyo” que por qué es frágil o delicado. Decir: “no te lo dejo por que es mio”, es una decisión arbitraria. No hay motivo aparente sino solo sentimiento posesivo por poseer y tener.

A nosotros nos va muy bien de este modo e incluso he visto como mis hijos han resuelto problemas con otros niños sobre este tema diciendo cosas tales cómo: “Ya sabemos que esta bici la usabas tu antes de que la usara tu hermana, simplemente la está usando ella ahora por que tu tienes la grande y ya no te hace falta esta”. A lo que el niño responde: “Vale, vale… pero esmía”. Y la hermana dice: “Que no, ahora es mía”. Si desde un principio ellos hubiesen visto que las cosas se usan, utilizan y tienen cuando se necesitan sin tener que poseerlas, ahora no tendrían este “problema” de apego cuando en realidad ya no necesitan el objeto en cuestión.
Personalmente, no creo que sea tan difícil ser algo más conscientes de cómo usamos las palabras y el poder que ejercen en nuestros hijos. Podemos empezar por cambiar el mio, tuyo… por el verbo usar. Luego viene lo más difícil: dejar de apegarnos tanto a las cosas materiales.

¿Cómo manejáis vosotros/as el tema de las posesiones?

Yvonne Laborda

Mi web: www.yvonnelaborda.com
Nuestro blog: APRENDIENDO TODOS DE TODO.
Fotografía: Raquel Reguero

CUANDO NO IMPORTA LO QUE LOS DEMÁS DIRÁN.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El tema de juguetes para niños o para niñas sigue provocando debates en las redes sociales y entre los padres y madres.

En nuestra casa no tenemos juguetes de chicas o de chicos, tan sólo tenemos juguetes: coches, cocinita, garaje, construcciones, muñecas, marionetas, juegos de mesa, etc. En nuestra casa no jugamos a cosas de chicos o de chicas, tan sólo jugamos. Una actividad que gusta tanto a mi hija como a mi hijo es maquillarse y pintarse las uñas. Las uñas pintadas duran varios días. Sé que hay a gente que no le gusta esta actividad, que considera que no es un juego apropiado. Sin embargo nunca he recibido ninguna crítica cuando le ven a mi hija con las uñas pintadas. No ha ocurrido lo mismo con mi hijo. Son habituales comentarios tipo: “los niños no se pintan las uñas”, “pero qué hace un niño con las uñas pintadas” o “ cuando sea mayor le gustarán los chicos!”. Si en un futuro mi hijo es gay, alguien dirá: “Ves, tú lo provocaste”. Como si jugar a cocinitas, a barrer y limpiar, ponerse camisetas rosas y pintarse las uñas fuera lo que determina la orientación y la identidad sexual.

Personalmente opino que los roles y valores asociados a lo masculino y femenino son completamente culturales. Por esa razón cuando lo/as niño/as son pequeño/as todavía desconocen lo que se asigna a su sexo/genero. La edad más libre de expresión. Cuando todavía no les importa el qué dirán. Cuando no entienden por qué las chicas pueden usar faldas y los chicos no. Aprovechemos estas edades para fomentar su propia personalidad, y dejar que se expresen libremente.

A través de este texto quiero proclamar: más información, más conocimiento, más respeto, más tolerancia, más libertad de expresión.

“Sólo el que sabe es libre y más libre el que más sabe. No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas.” Miguel de Unamuno.

Texto: Judith Reguero

Fotografía: Judith Reguero