CÓMO FOMENTAR LA RESPONSABILIDAD EN NUESTROS HIJOS

delegar
Una mañana, mientras estaba buscando hueco en la agenda personal (no en la del trabajo) después de un imprevisto, se me encendió una luz. Más que una luz fue un cartel con letras de neón que decía “TIENES UN EQUIPO”. Y es verdad, los cuatro miembros de mi familia que vivimos en casa formamos un gran equipo. Y lo mismo que es importante aprender a trabajar en equipo como decía aquí , no lo es menos saber delegar y dar responsabilidad a cada uno de los miembros. Así que hice una adaptación personal del libro“¡Delega! Un modelo para crear equipos de alto rendimiento” de Donna M. Genett dirigida a los equipos formados por grandes personas como son nuestros hijos (independientemente de su edad).

Si una única persona asume todo el peso de las tareas que hay que realizar en la vida familiar se sentirá agotada, frustrada, estresada e incluso enferma. Además, con este hábito individualista, no se conseguirá que el resto de los miembros de la familia/equipo se responsabilicen de ciertas acciones que deberían hacer. Si no dejamos que los niños vayan asumiendo responsabilidades según su capacidad será muy difícil que en el futuro sean adultos responsables.

¿Y cuál es la solución? La solución es DELEGAR. Pero no se puede delegar de cualquier manera, para conseguir una delegación EFICAZ hay que tener en cuenta las siguientes pautas:

1.-Prepararnos. Lo primero será pensar qué tarea asignamos a cada uno y cómo se lo vamos a explicar. Tendremos en cuenta las capacidades de cada uno y el tipo de lenguaje que pueden entender.

2.-Una vez reunidas las partes interesadas, le explicaremos claramente y con todo detalle cual es la tarea encomendada y cuál es el resultado que queremos. Le pediremos que lo repita para comprobar que lo ha entendido.

3.-Le diremos para cuando queremos que esté hecho. Hay que tener en cuenta que la noción del tiempo en los niños es muy diferente a la que tenemos los adultos así que tendremos que asegurarnos de que lo entienden. Cuando son pequeños deberían ser acciones para terminar ese mismo día. Nada de decirles que el cajón tiene que estar recogido para el viernes si es miércoles porque se despistarán por el camino y no lo harán. Si es una tarea larga será mejor dividirla en tareas más pequeñas.

4.-Dejarle claro si la tarea tiene que hacerla de una manera determinada (y explicarle detalladamente esa forma de hacerlo) o si puede hacerlo como a él le parezca siempre que consiga el resultado que le hemos indicado.

5.-Repasar las tareas con ellos a medida que las vayan haciendo (sobre todo las primeras veces) para comprobar que todo sigue el plan establecido. Así es más fácil corregir desviaciones si las hubiera que si esperamos al resultado final.

6.-Evaluar. Al finalizar las tareas hablar sobre cómo nos ha ido. Qué ha resultado más difícil, qué hemos aprendido para la próxima vez…

¿Cuáles son los beneficios que voy a obtener si delego eficazmente?

– Conseguiré más tiempo para mi
– Podré concentrarme en lo más importante
– Permito que mi familia/equipo desarrolle sus capacidades y su confianza
– Creo oportunidades para reconocer el trabajo de los otros y aumento su autoestima
– Consigo que todos se sientan integrados y valorados.

¿Qué te parece? ¿Delegas habitualmente?

No son las malas hierbas del campo las que ahogan la buena semilla, sino la negligencia del campesino” Confucio.

Texto y fotografía: Raquel Reguero

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CRIANZA RESPETUOSA: HACIENDO AUTOCRÍTICA

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A veces pensamos que nuestras creencias son las mejores. Que nuestras opiniones son las más fundamentadas. Y no nos paramos a observar otros pensamientos. Ni tan siquiera paramos a analizar los nuestros desde una perspectiva crítica.

Esto mismo pasa con los diferentes modelos de crianza que hoy en día están más en auge: el modelo basado en la teoría conductista (castigos, limites firmes, autoridad,etc) y el modelo de crianza respetuosa (también llamado. Crianza con apego seguro, crianza con amor, etc). Unos y otros invierten tiempo en criticar lo negativo del contrario y lo positivo de sí mismo. Sin embargo creo que es interesante que analicemos lo negativo de la teoría que defendemos, para poder mejorarla.

Como os he comentado en alguna ocasión yo mi inclino más por el modelo de crianza respetuosa, aunque en muchas ocasiones me encuentro con dificultades para llevarla a la práctica. Por esta razón hace cosa de un año organicé  un taller de lectura reflexiva sobre estos dos modelos de crianza. Y unas de las actividades fue resaltar aspectos negativos de la teoría que defendíamos cada uno.

Sobre las consecuencias del modelo conductista se ha hablado mucho. Hoy os resumo los aspectos negativos que se dijeron del modelo de crianza respetuosa:

  • Da mucha importancia al papel de la madre, dejando al padre como un mero ayudante. Esto responsabiliza en mayor medida a la mujer y también la culpabiliza.
  • Se habla sobre todo de la primera edad, sin desarrollar en profundidad la teoría en edades más avanzadas como por ejemplo, la adolescencia.
  • Los resultados son a largo plazo, y en ocasiones necesitamos determinados comportamientos a corto plazo.
  • Se basa y fundamenta en las necesidades de los niños y las niñas. Dejando olvidado las necesidades de la madre y padre. (Si nosotros no estamos bien, no podemos criar bien).
  • A muchas personas les parece difícil ponerlo siempre en práctica, el bagaje cultural y social que llevamos nos presiona para actuar de otra forma.
  • Habla de crianza con amor, como si fuera el único modelo que cría de esta manera. Personalmente estoy convencida que la gran mayoría de las personas que crían a sus hijo/as desde un modelo conductual también aman a sus criaturas; actúan de la mejor manera que saben y en consecuencia a lo que piensan que es lo correcto.

 

¿Y vosotros? ¿Hacéis  análisis críticos de vuestras propias teorías? ¿Os parece que es una manera de poder mejorar? ¿Qué aspectos negativos encuentras al modelo de crianza que defiendes? Os espero en comentarios!

Siempre hay que tratar de ser el mejor, pero nunca creerse el mejor” Juan Manuel Fangio

Texto y fotografía: Judith Reguero

AYUDANDO A GESTIONAR LA ENVIDIA

ENVIDIA
El otro día me encontré con un dilema ante mi hijo. Después de un gran enfado por su parte por no comprarle el último muñeco de moda, reconoció que sentía envidia porque sus compañeros lo tenían y él no. Me alegré porque supo reconocer su sentimiento pero me preocupé por la reacción que tuvo. Me di cuenta de que era necesario que hablará con él y le enseñara a gestionar este sentimiento tan habitual.

Cuando los dos nos calmamos, esto fue más o menos lo que le dije:
Entiendo que cuando ves a otros niños que tienen cosas que a ti te gustan y no las tienes, sientas envidia. A mí me pasa igual. Siempre vas a tener envidia de alguien porque siempre vas a encontrar a alguien que tiene algo que te gustaría tener a ti.
Tener envidia no es ni bueno ni malo, aunque no sea agradable sentirla. No eres un niño malo por sentir envidia. Con lo que tienes que tener cuidado es con lo que haces cuando sientes la envidia. Tú no puedes elegir sentir envidia o no, pero si puedes elegir qué hacer cuando la sientes.
Puedes hacer cosas mal, por ejemplo:
– Quitarle al niño lo que tienen y a ti te gusta.
– Pelearte con él.
– Insultar a mamá porque no te lo compra.
Puedes elegir hacer cosas bien, por ejemplo:
– Pensar en otras cosas que tú tienes la suerte de tener.
– Centrarte en lo tuyo y no compararte.

Esta conversación la tuve con mi hijo de 7 años. Cada uno deberá adaptar el discurso a la edad del niño para que lo entienda pero los puntos clave son:

– Hablar con él cuando los dos estemos calmados. Es la única manera de que digamos cosas coherentes y que él nos escuche.

– Reconocer y aceptar sus sentimientos. Es necesario que se sienta entendido y escuchado, así estaremos “conectados”.

– Hacerle ver que no hay emociones buenas ni malas. Las emociones no se pueden elegir, se sienten simplemente.

– Enseñarle que las conductas derivadas de la emoción si se pueden elegir y ahí es donde debemos ejercer nuestro control. Podemos hacer una lista entre los dos de conductas aceptables ante esa emoción para que tenga alternativas cuando se enfrente a la situación real.

“Los envidiosos morirán, pero la envidia es inmortal” Moliére.

Texto: Raquel Reguero

Fotografía: Nuria Siete

Cómo anticiparse a la explosión del enfado

Globo

Hoy vengo a contar una experiencia personal. Esta entrada no será tan teórica como otras. Hoy confieso que no es oro todo lo que reluce; y que en muchas ocasiones, eso de llevar a la práctica la teoría que defendemos no es tarea fácil.

Como habréis podido deducir de mis anteriores textos, soy una persona que me inclino más por la crianza respetuosa que por el modelo conductista. No soy partidaria del rincón de pensar, de los castigos, ni de los chantajes y amenazas. Me gusta la idea de las consecuencias que tienen los actos de nuestro/as hijo/as. Y me interesa de forma especial el mundo de las emociones, sentimientos y la gestión de estos. Hasta aquí, la gente que lee el blog podría pensar que en mi casa reina siempre la armonía, que se oyen risas y música de fondo en todo momento. Y no, no es así.

Desde hace cosa de unas semanas el comportamiento de mi hija mayor (casi 5 años) no es el que desearíamos. Casi todas las tardes nos deleita con lloros, chillos, faltas de respeto, etc. Y confieso que en ocasiones mantener la calma y poner en práctica aquello que defiendo no es fácil, nada fácil. Y me sorprendo a mí misma llevándole a su cuarto ( lo que podríamos llamar rincón de pensar), y me sorprendo subiendo el tono de mi voz ( lo que podríamos denominar chillar), y me sorprendo avisando lo que va a suceder después (sí, sí, lo sé, chantaje o amenaza en toda regla).

Pero no escribo para fustigarme, no escribo para culpabilizarme de todo. Escribo con la intención de mejorar. De compartir experiencias que nos sirvan a todos y todas en la difícil tarea de criar a nuestro/as hijo/as.

En casa hablamos con naturalidad de las emociones, intentamos identificarlas y nombrarlas. Por eso cuando mi hija se comportaba de una manera que no consideramos correcta, (y cuando no perdemos los nervios y no sucede todo lo citado anteriormente) le explicábamos que es que está cansada, que por eso se enfada con mayor facilidad, que a nosotros también nos pasa. Me di cuenta que algo iba mal cuando un día que le pregunté por qué había intentado pegar a su hermano me contesto: “ Estoy cansada”.  Justificaba su comportamiento en el cansancio.

Así que hemos recordado que hay comportamientos que NUNCA toleramos, la falta de respeto hacia alguien (eso también nos incluye a su padre y a mí, claro).  Hemos acordado qué actividades podemos hacer para calmarnos antes de que explote su cansancio y enfado. Esto lo hemos hecho cuando ella está bien, relajada, y tranquila. Y ella misma me ha dado las soluciones : escribir letras, meterse dentro de la “tienda de acampada” que tiene, hacer pompas de jabón en el baño, cantar suave, etc.

Podríamos resumir que los pasos son los siguientes:

1.- Identificar la emoción.

2.- Expresarla (me lo dice).

3.- Anticiparnos a la explosión de esa emoción de forma descontrolada. Eligiendo una de las actividades que ya hemos acordado que nos relaja y tranquiliza.

4.- Controlar comportamiento.

¿ Y vosotros cómo gestionáis estas situaciones? ¿Sois capaces de poner en práctica siempre la teoría que defendéis? ¿ Tenéis una lista de actividades relajantes? Os espero en comentarios.

“ No hay que acusar a las buenas teorías de las malas prácticas” Concepción Arenal.

Texto: Judith Reguero

Fotografía: Nuria Siete

CUANDO NO SÉ DECIR “TE QUIERO”

decir te quiero

Responde estas preguntas:

– ¿Prefieres comprarte el televisor último modelo para amodorrarte delante de él o compartir un paseo con tu pareja?
– ¿Prefieres dar la paga a tus nietos en lugar de hacerles una visita y pasar una tarde de juegos con ellos?
– ¿Prefieres regalar algo comprado en unos grandes almacenes que dar un abrazo?

No seas perezoso. Estas son las últimas preguntas:

– ¿Prefieres que tu pareja te invite a salir a dar un paseo o que te compre un televisor último modelo y amodorrarte delante de él?
– ¿Prefieres que vengan a hacerte una visita y pasar una tarde agradable o que te den la paga?
– ¿Prefieres recibir un abrazo con sentimiento o un regalo comprado en unos grandes almacenes?

Cada vez veo más que la expresión de emociones se sustituye por dinero. Parece que si te compran algo te quieren mucho y que si te regalan algo más caro te quieren mucho más. Las personas más frías a las que les cuesta expresar sus sentimientos, suplen esta carencia con dinero (si lo tienen) en lugar de esforzarse un poco por abrirse y decir lo que sienten. Además, debido a su actitud, es difícil que los demás se expresen delante de ellas y tampoco oirán muy a menudo los sentimientos que ellos provocan en los demás.

Los niños no tienen dinero, no lo necesitan, y muestran sus sentimientos abiertamente. Sus palabras, sus besos, sus abrazos… nos dicen continuamente que nos quieren, que nos necesitan, que nos admiran… ¿Por qué no aprendemos más de ellos? Por supuesto que los adultos necesitamos el dinero para vivir pero no para decir “TE QUIERO”.

Hace años estuve presente en una triste escena. Vi como a un niño le comunicaban la muerte de su abuelo. Lloró y lo primero que dijo fue: “Ya no me va a dar más la paga”. Preferiría que a mí me recordaran por otras cosas cuando me vaya.

Hoy traigo esta reflexión que me encantaría que cambiara el mundo entero y por eso la comparto. Soy consciente de lo atrevido de mi objetivo por eso me sentiría muy satisfecha si cambiara mi pequeño mundo, en el que me muevo a diario, aunque solo fuera un poquito y removiera la cabeza y el corazón de quienes viven cerca de mí.

¿Te cuesta decir “te quiero”?

“El amor que se alimenta de regalos siempre está hambriento” Anónimo

Texto y fotografía: Raquel Reguero

ABRAZOS

ABRAZOS

Mamá, ¿me das un abrazo? Me pedía Xavier antes de irse a dormir. ¡Claro que sí! Mamá, hoy quiero un abrazo de oso polar. El peque de la familia había tenido un día gris. Aquellos días donde parece que las fuerzas del firmamento se han conjurado para que nada salga como nosotros queremos.
Tras un largo abrazo, él me susurra al oído: ¡ahora me siento mucho mejor! Te quiero mamá.

El abrazo es un excelente medio de comunicación que no necesita ser hablado ni expresado a través de palabras. Facilitan la comunicación afectiva y el sentimiento de empatía. Es una manera excepcional de expresarles a nuestros hijos lo mucho que les queremos.

Los abrazos son una grandiosa medicina que transfiere energía. Nos ayudan a fortalecer el vínculo que tenemos con nuestros pequeños. Nuestros abrazos les hacen sentirse seguros, les tranquilizan, les relajan, les liberan del estrés, les hacen enormemente feliz. Es el mejor bálsamo para que, en los momentos complicados, les ofrezcamos consuelo. Los abrazos deshacen la soledad y el miedo. Además son uno de los mejores motores para el desarrollo de la inteligencia emocional y la autoestima.

En casa utilizamos diferentes tipos de abrazos. Está el “abrazo de oso polar”, abrazo consolador, cariñoso, cálido, que persigue animar y que el otro sienta que puede contar contigo. Un abrazo cargado de seguridad, afecto, efecto, fuerza, apoyo y reafirmación.

El “abrazo de pingüino”, es corto y juguetón, donde las mejillas se juntan y con él la risa está asegurada si se acompaña con una buena dosis de cosquillas. Abrazo para compartir en momentos distendidos y reconfortantes.

El “abrazo volador”, mí preferido, es aquél que nos dan cuando echan a correr con ímpetu al vernos llegar. Abrazo lleno de magia, ilusión, espontaneidad y sorpresa. Cortos pero muuuuy intensos. Aquél momento que te alegran la llegada a casa o te hacen sentir única al ser la elegida.

Por último está el “abrazo zen”. Aquel que te llena de energía, que te carga las baterías. Un abrazo sublime, largo, abierto, tranquilo, agradecido, reconfortante y genuino. Un abrazo dado en silencio.

Abrazar es una maravillosa forma de dar amor a los que nos rodean, es acariciar el alma de quien tenemos cerca. Además no requieren de una maquinaria o equipo especial. La magia de un abrazo es que al darlo recibimos otro. Debemos enseñar a nuestros hijos a darlos y también a pedirlos. Los abrazos les hacen sentir fuerte, seguros, protegidos.

Un abrazo es el único traje que se amolda a todos los cuerpos,…

¿Y ahora qué esperas para dar un buen abrazo?

Texto y fotografía de Sonia Lopez   http://sonialopeziglesias.blogspot.com.es/

ESTRATEGIAS PARA LIBERARTE DE LAS DAÑINAS ETIQUETAS

ETIQUETAS
El poner etiquetas puede ser un impedimento para el desarrollo de la personalidad. Las etiquetas que nos han ido poniendo, sobre todo en la infancia, hacen que nos autodefinamos de determinada manera y actuemos en consonancia. “Yo soy así” suele ser una respuesta típica cuando le preguntamos a alguien por qué hace algo.

Puedes hacer un listado de “Yo soy…”Si alguno de ellos no te está ayudando a avanzar y disfrutar de la vida, ha llegado el momento de cambiar. Y si, si se puede cambiar. Por supuesto es más fácil describirse con la etiqueta que cambiar. Tú eliges.

Estrategias para liberarte de las etiquetas:

• Sustituye los “Yo soy” por frases como “Hasta ahora había escogido ser así”

• Comunica a tus amigos y familiares que has decidido eliminar algunos de tus “Yo soy” y pídeles que te lo recuerden cuando te alejes del camino.

• Ponte metas de conducta para comportarte de manera distinta a como lo has hecho hasta ahora.

• Cada vez que digas una de estas cuatro frases, cámbialas:

– “Así soy yo” por “Así era yo”
– “No puedo evitarlo” por “Puedo cambiar si lo intento seriamente”
– “Siempre he sido así” por “Voy a ser diferente”
-“Es mi naturaleza” por “Así creía yo que era mi naturaleza”

Si vemos cómo han influido esas etiquetas en nuestra vida e incluso estamos dispuestos a esforzarnos por cambiarlas para ser más felices, no está de más recordar cómo influyen las etiquetas que les ponemos a nuestros hijos en ellos.

Muchas de nuestras etiquetas actuales nos las colgaron cuando éramos niños y nosotros, sin darnos cuenta, les colgamos muchas a nuestros hijos que arrastraran toda su vida. Deberíamos tener más cuidado cada vez que ponemos etiquetas y, ya que nos resulta tan difícil no utilizarlas, por lo menos usar aquellas que les ayuden a crecer en todos los sentidos.

¿Eres capaz de identificar las etiquetas que llevas? ¿Eres consciente cuando pones etiquetas a tus hijos?

“Todos somos genios. Pero si juzgas un pez por su habilidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil”. Albert Einstein.

Texto: Raquel Reguero

Fotografía: Nuria Siete

Texto inspirado en el libro “Tus zonas erróneas” de Wayne W. Dyer