TE QUIERO, Y TE LO DIGO

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Y un día dejamos de decir “te quiero” a nuestros padres. Por vergüenza, por pereza, por lo que sea. Dejamos de decirlo y nos lo dejan de decir. Sabemos que nos quieren, saben que les queremos; pero las palabras no salen de las bocas, el sonido no llega a los oídos.

Prometí el otro día con mi hija que siempre nos diremos todo lo que nos queremos: hasta la luna, hasta el polo norte, hasta el infinito, hasta el pueblo yendo andando, hasta…

– Mucho, mucho, te quiero mucho hija mía.

-Ama, yo también te quiero mucho.

– No dejes de decírmelo nunca.

– ¿Por qué te iba a dejar de decir?

– Pues no sé, por vergüenza, o pereza, o por costumbre. No sé.

-Pues si te quiero te lo digo.

-Eso, nos lo vamos a decir todos los días para que no perdamos la costumbre.

-Claro, como siempre.

Mucho se habla del amor incondicional de lo/as padres/madres a lxs hijxs. Sin embargo poco del amor de los hijxs hacia lo/as padres/madres. Soy madres de una hija y un hijo maravillosos, pero antes fui hija de una madre y un padre no menos maravillosos. Ahora yo actúo en ocasiones como no actuaron mis padres conmigo, (otras sí), pienso que en ocasiones  fueron demasiado duros o demasiado blandos; eran otros tiempos, otras costumbres, otras ideas. Yo sigo las mías, que nacen de las suyas, en el mismo camino o en el contrario. Soy lo que soy gracias a ellos. Creo que aveces se equivocaron, como yo también me equivoqué (y me sigo equivocando) en el papel de hija; como ahora mismo, seguro que en ocasiones, me equivoco en el papel de madre. Pero sé que todo lo hicieron desde el amor.

Qué importante es demostrarlo, pero ¡también decirlo! Aquellos que hemos dejado de decir “te quiero” a alguien a quien amamos, ¿Cogemos otra vez la buena costumbre? ¿ Volvemos a utilizar el poder de las palabras?

“ Decir lo que sentimos. Sentir lo que decimos. Concordar las palabras con la vida” Séneca.

Texto y fotografía: Judith Reguero

CÓMO ADAPTARNOS A LA MATERNIDAD Y PATERNIDAD

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El otro día os hablaba (aquí) de la importancia de que los esquemas mentales que tenemos y la realidad sean lo más similares posibles para no sentirnos fracasados. Un esquema que tenemos bastante idealizado y muy alejado de la realidad es el de la maternidad y la paternidad.

Desde los medios de comunicación nos han mostrado que un bebé viene a sellar la felicidad de la pareja, que todo es amor y compañía, risas y alegrías, orden y limpieza. Quienes somos padres sabemos que no es así pero hay ocasiones en las que, influenciados por esa estampa idílica, no nos atrevemos a decir que nos sentimos solos, tristes, que lloramos a menudo, que no entendemos a nuestra pareja, que estamos agotados…

¿Cuál es la realidad? Cuando llega un bebé a la familia llegan más realidades que la televisión no nos muestra. Se producen muchos cambios a los cuales es necesario adaptarse. Suele llegar la familia política y la propia que, aunque vienen a ayudar, hay ocasiones en las que pueden ser fuente de conflicto. Lo importante es poner los límites que consideremos oportunos y que cada miembro de la pareja se encargue de comunicárselo a su propia familia.

Además, llegan los consejos de conocidos y desconocidos. Todos saben más que nosotros sobre el tema, incluso los que no tienen hijos. En este punto lo mejor es ver, oír y callar. No merece la pena discutir. Nosotros somos lo suficientemente capaces de saber qué necesitan nuestros hijos y si lo creemos oportuno, ya pediremos consejo a los profesionales.

Uno de los aspectos que deberíamos conocer para tener una visión más real de la maternidad y la paternidad es la evolución natural de los bebés. Hay numerosos manuales que indican cómo evoluciona el bebé a medida que crece y nos pueden ayudar a saber con qué nos vamos a encontrar. Hay que tener muy claro que cada niño lleva su propio ritmo y es aconsejable respetarlo pero esas pautas generales nos facilitan la visión global. La buena noticia es que aquellas conductas que ahora nos perturban (el niño no duerme, las rabietas, los miedos nocturnos…) tienen fecha de caducidad.

Las novelas o las películas nos venden un mundo ideal. Un esquema muy alejado de la realidad. Como personas maduras que somos, tenemos que ser capaces de alejarnos de esa visión y disfrutar de nuestra realidad. Tendremos nuestros momentos de cansancio, de sentimientos de soledad, de dudas, de camisetas con manchas de puré… y también viviremos situaciones de risas, juegos y asombro.

Compartir nuestra realidad con otros padres y madres puede ayudarnos mucho. Con padres y madres de carne y hueso y sentimientos, no con actores maquillados, peinados y descansados.

¿Compartes tus vivencias como padre y madre? ¿Con quien?

Hay un solo niño bello en el mundo y cada madre lo tiene” José Martí.

Texto y fotografía: Raquel Reguero

MAMÁ , PAPÁ, TENGO MIEDO!

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El miedo es libre, irracional y difícil de controlar. Es algo que tenemos que tener en cuenta también en nuestrxs hijxs. Hay varias etapas en la vida de lxs niñxs en las que es normal que tengan más miedos, especialmente por las noches: miedo a la oscuridad, a los lobos, a los monstruos, etc.

Cada niñx es diferente, por eso hoy os voy a dar varias posibilidades para tranquilizar a vuestras criaturas. Podéis ir probando, en función de la edad y el miedo concreto. Quizás lo que hoy les tranquiliza, mañana no y al revés:

                1.- Explicarle que no existen. Puede ser una posibilidad, sin embargo suele funcionar poco. ¿Por qué? Porque aunque nosotros nos esforcemos en explicarle que los monstruos no existen, ellxs los ven y los sienten. Ya hemos dicho que el miedo es irracional.

                2.- Argumentar que no pueden entrar ni hacerles daño. Por ejemplo nos serviría para el miedo a los lobos, a los perros, etc. Si les argumentamos que tenemos la puerta y las ventanas cerradas y que no pueden entrar, algunos niños lo entienden y se tranquilizan.

                3.- Buscar información sobre el tema y explicarles la realidad. Sigo con el ejemplo del miedo a los lobos: podemos buscar información con ellxs y explicarles que los lobos no están en la ciudades, etc.

                4.- Hacer una pócima mágica. Personalmente es la opción que más me gusta y más utilizo con mis hijos. Hace años mi hija comenzó a soñar todas las noches con monstruos y cosas negras, bichos,etc. Se despertaba asustada y me costaba tranquilizarle. Encontré en internet la idea de realizar una pócima mágica. Yo la hago con agua y bicarbonato (los polvos anti mostruos) hacemos entre las dos la pócima y luego rellenarmos un bote de spray. En la época de sueños, antes de acostarse echamos spray antimonstruos por la cama mientras recitamos la poesía que nos hemos inventado para espantarles. Os aseguro que funciona en un montón de ocasiones!

Puedes utilizar alguna de estas opciones, pero sobre todo ten en cuenta que:

  • No hay que ridiculizarles por tener miedo a algo.
  • No hay que amenazarles con aquello que temen.
  • No hay que obligarles a “superar” ese miedo. (por ejemplo si tienen miedo a los perros no hay que obligarles a que toquen uno para que vean que no pasa nada). Podemos invitarle a que lo haga, pero sin presionarle y respetando sus ritmos.
  • Respétale sus miedos y sus ritmos.
  • Ten paciencia.
  • Y estate junto a él en los momentos que sufren miedo. Acompáñale. Tranquilízale.

 

No hace falta conocer el peligro para tener miedo; de hecho, los peligros desconocidos son los que inspiran más temor” Alejandro Dumas.

 

¿Y tú? ¿Qué técnica utilizas para tranquilizar a tus hijxs de sus miedos? Te espero en comentarios!!

Texto: Judith Reguero

Fotografía: Nuria siete

CÓMO DEJAR DE CRITICAR

CRITICAR

No es ningún secreto que nos gusta criticar. Si estamos atentos seguro que a lo largo de un día hacemos varias críticas. No me refiero a críticas constructivas sino a ese tipo de críticas que parece que hacemos para desahogarnos y que no llegan a oídos del protagonista de la crítica. Creo que me habéis entendido, ¿no?

Hace unos meses fui consciente del impacto negativo que tiene en mi estar sentada junto a alguien que no para de criticar a otros. Realmente me intoxica. Me recuerda a los fumadores pasivos que respiran el humo de los otros sin quererlo. Eso me pasaba a mí, respiraba el humo agobiante del otro. Por eso estoy intentando criticar menos, para no intoxicar a los de mí alrededor.

Creo que cuando criticamos a alguien muchas veces es porque deseamos tener o hacer eso que precisamente estamos criticando. Por ejemplo, cuando critico a mi vecino del 8ºC porque ha conseguido un empleo diciendo que seguro que es un “enchufado”, ¿no será que me gustaría tener a mí ese trabajo o que las condiciones del mío fueran como las de él?

Así que antes de criticar os propongo responder a unas sencillas preguntas de manera sincera. Primero nos preguntaremos: ¿Eso que me apetece criticar lo deseo para mí? Si la respuesta sincera es NO entonces puedo elegir entre criticarlo y formar una nube de humo a mi alrededor o utilizar ese tiempo y esa energía que usaría en la crítica para conseguir lo que realmente deseo, mi objetivo. Si la respuesta es SI, hay otras alternativas mucho más eficaces que la crítica.

Respóndete a las siguientes preguntas:
– ¿Qué ha hecho él para conseguir eso que deseo yo?
– ¿Qué he hecho yo?
– ¿Qué puedo hacer?
– ¿Cuándo lo voy hacer?
– ¿Por qué estoy perdiendo este tiempo tan valioso en criticarle en lugar de aprender de él y pasar a la acción?

¿Qué os parece? ¿Os animáis a reducir vuestras críticas? ¿Os atrevéis a trabajar para conseguir vuestros objetivos?

“Las grandes mentes tienen objetivos, las demás deseos” Washington Irving

Texto y fotografía: Raquel Reguero

PROVOCAMOS EL TRATO QUE RECIBIMOS

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¿Os pasa a vosotrxs que teneis diferentes roles en los diferentes grupos sociales a los que perteneceis? Yo puedo ser la tranquila o la paciente en casa; la tanjante en la cuadrilla, la mediadora en la familia, la perfeccionista en el trabajo,etc. ¿ por qué en cada grupo nos tratan de forma diferente si nosotrxs somos siempre los mismos? La respuesta no está en los demás, la respuesta está en nuestras propias actitudes y comportamientos. De esta forma podría ser la dominante en la pareja y la dominada en el trabajo.

Me parece interesante tener esto en cuenta y reflexionar sobre cómo nos tratan a nosotros. ¿por qué hay personas o grupos que nos tratan de manera que no nos gusta? Simplemente porque se lo permitimos.

Esta información nos da un inmenso poder, ya que nos está diciendo que con nuestra propia conducta podemos modificar el trato de los demás hacia nosotros. Ya que somos nosotros los que provocamos esa reacción.

¿ Os ha pasado alguna vez que os encontráis con una persona que a medida que habla, vosotros os sentís cada vez más pequeños? La otra persona muestra cierta seguridad en sí misma, lo que provoca que nosotros dudemos sobre nuestra posición, ella detecta esa vacilación y se crece, lo que a su vez provoca que nosotros empequeñezcamos aun más.

Te propongo un ejercicio: Cuando experimentes que alguien te está tratando de forma que te hace sentir mal, piensa: ¿ qué actitud de mí mismo hace que me trate así? ¿ Es mi mirada baja? ¿ es mi voz temblorosa? ¿Es mi tono seguro? ¿ Mi mirada fija en él? Y modifica esas conductas tuyas. Experimentarás el cambio que puedes generar.

“ Un cambio prepara otro”  N. Maquiavelo.

Texto y fotografía: Judith Reguero

Aprender a ganar.

Lachende Kinder

Enseñamos muchas cosas a nuestros hijos. Somos padres/madres preparados, hacemos cursos, acudimos a charlas, sabemos que la parte emocional, que en nuestra educación de los ochenta era nula, es muy importante para ellos. Tan importante como cualquier otro conocimiento o habilidad. Con las emociones, negativas y positivas, tendrán que lidiar toda la vida, y aunque es una enseñanza complicada, es apasionante mostrarles el camino. De nuestra mano aprenden a sentir, a afrontar, y, en definitiva, a vivir. Nos afanamos, pues, en el aprendizaje de las emociones, que en el mundo del deporte se centran en dos polos: las que producen perder, y las que produce ganar. En ese orden, porque se pierde muchas más veces de las que se gana, y es perdiendo como uno aprende a volver a intentarlo, a esforzarse, y a conseguir ganar.

Como padres preocupados por los sentimientos de nuestros hijos, intentamos prepararles para  afrontar la emoción de perder;  el fracaso, el dolor, la frustración, y el miedo a volver a intentarlo que acarrea. Pero raras veces les enseñamos a ganar. Se nos olvida hacerles ver, que para que nuestro triunfo se produzca, tiene que haber un perdedor, alguien que en ese momento se siente mal, triste, frustrado. Es importante que sepan, que además de saborear el placer del triunfo, estaría bien tender una mano al que ha perdido, haciéndole sentir que ha sido un rival duro, que la competición se queda en el campo, y que podemos ser amigos. Volverse hacia el perdedor, y valorar su esfuerzo,  hará que nuestros pequeños hayan conseguido un gran éxito en muchos más terrenos, que en el terreno de juego.

 Texto y fotografía: Lucía Quintana, Psicología y Deporte.

¿Sabemos escuchar?

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A veces se me olvida escuchar. Hace poco hablé sobre la capacidad de comunicación en las personas mayores. Hoy me centro en la capacidad de escuchar. Y no sólo en las personas mayores, sino en todos.

Por motivos personales y laborales me encuentro a  épocas muchas horas del día sola, sin posibilidad de hablar con mucha gente.  Y me sorprendo que cuando tengo la posibilidad hablo con quien sea: Hablo con mi marido, hablo con la panadera, hablo con el farmacéutico, hablo con la pediatra, hablo con las madres en el patio, hablo con el vecino. Hablo como si no hubiese un mañana, hablo para contar lo que me pasa, lo que he hecho, lo que tengo por hacer, etc. Y sin embargo, ahora, pensando, reflexionando, me doy cuenta de que no escucho. Tengo tanta necesidad de hablar, que se me olvida escuchar.

En la comunicación la escucha activa es un punto esencial. Se dice que sin escucha no hay comunicación porque no hay feedback. Se aprende a escuchar, sin embargo, si no lo practicamos también se pierde esa capacidad.

Por este motivo te doy algunos consejos, en ocasiones difíciles de seguir, pero que nos viene bien para mejorar nuestras comunicaciones:

  • Analiza si eres una persona que sabe escuchar. Analizarnos nos ayuda a mejorar en los aspectos que consideramos que flaqueamos.
  • Antes de responder a una persona, piensa en lo que te ha dicho. ¿La información que quieres darle le aporta a ella o te aporta a ti? Muchas veces queremos decir las cosas porque nos aporta a nosotros mismos, no a los demás.
  • No interrumpas al que habla. Cuando lo hacemos de forma sistémica es porque estamos más interesados en lo que queremos decir que en lo que en realidad nos cuentan.
  • Sé consciente de que el silencio también es comunicación. No por hablar mucho, dices muchas cosas.Además, mientras hablas, no escuchas.

 

Hay una forma de escuchar que supera a cualquier elogio”  Joshep de Ligne.

 

¿ Y tú, sabes escuchar? ¿ Te sorprendes en ocasiones hablando hasta con las piedras? ¿Eres consciente del tipo de escucha que realizas? ¿Hablas para aportar o para aportarte? Te espero en comentarios.

 Texto y fotografía: Judith Reguero.