DEPENDE, TODO DEPENDE

DEPENDE

Esta entrada me la ha inspirado un amigo, fiel seguidor del blog, con un comentario que hizo sobre uno de los artículos que escribí. Muchas gracias amigo por seguirnos, por comentar y por inspirarme.

Él me hablaba de lo que le había hecho sentir mi post. Observé que estaba poniendo su foco de atención en mí, en lugar de en él. Si es él quien lo siente, me parece interesante que se centre en el por qué y el para qué se siente así. ¿Qué está pasando dentro de él? El estímulo (en este caso el texto) es el mismo para todos, pero cómo nos sentimos ante él es muy variable.

Os lo explicaré con un ejemplo. ¿Recordáis el anuncio que Ikea lanzó estas navidades? Si, ese donde unos niños escribían una carta a sus padres pidiéndoles más tiempo para jugar con ellos. Oí muchísimos comentarios sobre esa publicidad. Hubo quien me confesó que había llorado al verlo porque se había sentido muy mala madre por no jugar suficiente con sus hijos. Hubo otra que me dijo, en un tono totalmente diferente, que a ella no le extrañaría nada que sus hijos pidieran más tiempo para jugar juntos porque se lo pasaban tan bien, que nunca tenían suficiente. Mismo anuncio y dos respuestas completamente distintas. Una se sentía fracasada y la otra estaba orgullosa. ¿A que creéis que se debe esta diferencia?

La creencia o la sensación o como querais llamarlo, ya estaba dentro del espectador. El anuncio lo único que provocó fue que saliera a flote.

Cada uno interpretamos según nuestras experiencias, creencias, emociones, expectativas… y lo interesante y enriquecedor para nosotros mismos sería centrarnos en ese mundo interior nuestro en lugar de poner el foco en quien dejó ese estimulo delante nuestro. ¿Qué os parece?

Si la interpretación que hacemos va acompañada de una sensación agradable y potenciadora para nosotros, disfrutémoslo. Si la sensación nos limita, nos impide avanzar como nos gustaría, es buen momento para trabajar sobre este asunto y sustituir esas limitaciones por creencias, emociones… potenciadoras.

¿Cómo os sentisteis vosotros al ver el anuncio de Ikea? ¿Por qué creéis que brotó ese sentimiento y no otro? ¿Qué semilla estaba dentro?

Texto y fotografía: Raquel Reguero

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