Beneficios del juego.

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Las personas que tenemos niñxs pequeñxs tenemos la suerte de recordar lo bien que se pasa cuando juegas con tus cinco sentidos, sin importarte quien mire, solo prestando atención al juego, a pasarlo bien, y a ganar si es necesario.

Puede que los nervios por ganar y hacerlo bien se apoderen de tu estómago; puede que llores de risa al ver a tus compañeros en alguna postura o movimiento “ridículo”, puede incluso que te enfades o aparezca la rabia al perder a un juego sencillo.

Suelo jugar con mis hijos todos los días, en ocasiones juegos tranquilos, en otras juegos más movidos. Ya había experimentado el bienestar que crea el juego.

Sin embargo esta última semana, a raíz de un curso que estoy realizando, he tenido la posibilidad de JUGAR con personas de más o menos mi misma edad.

No te puedes imaginar los beneficios que tiene:

  • Cohesión de grupo. Si estás con un grupo de personas que no conoces demasiado, este se puede cohesionar con dinámicas y juegos.
  • Tomar consciencia de tu propio cuerpo. ¿Hace cuánto no juegas a la gallinita ciega? ¿Hace cuánto no experimentas lo que es taparse los ojos e ir en busca de algo o alguien? Tomar conciencia del estado de tu cuerpo físico, sensorial y cognitivo es otro de los beneficios.
  • De la misma forma que tomamos consciencia también estamos estimulando el cuerpo y sus capacidades.
  • El juego es capaz de modificar los estados de ánimo. Si te sientes de bajón busca una excusa para jugar con alguien, notarás como el bienestar vuelve a ti.
  • Fomenta la atención y la memoria.
  • Fomenta la creatividad y la imaginación.

Quizás por todas estas razones y otras hay estudios y artículos que defienden que lxs abuelxs que cuidan y juegan con sus nietxs conservan en mayor medida sus capacidades cognitivas y físicas.

Y tú, ¿hace cuánto no juegas a un, dos, tres carabín, bon ban? ¿ o a las películas? No hace falta que tengas niños, para jugar no hay edad.

Te espero en comentarios con tus juegos favoritos.

El juego es un principio inherente a la naturaleza humana. Nos afecta a todos.

Edmund Bruke

Un abrazo,

Judith.

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TIEMPO DE CALIDAD

Tiempo de calidad

Durante julio y agosto he estado planificando mis actividades del próximo curso escolar y tenía una idea muy clara en la cabeza: Quiero espacios y momentos diferenciados para disfrutar del aquí y ahora. ¿Qué pretendo decir con esto?

Necesito centrarme en lo que estoy haciendo en cada momento, me guste más o menos. Por ejemplo: si estoy escribiendo una entrada para el blog, quiero estar en cuerpo y alma en ello y no pensando en que tengo que ir al supermercado, porque tengo la nevera vacía, mientras tecleo las palabras que darán forma al post.

Es cierto que si me centro en escribir lo haré mejor que si estoy pensando en otra cosa y, que si pongo mi foco en la compra habrá menos probabilidades de que me olvide algún artículo de la lista. Pero no es esto lo que actualmente me mueve a buscar momentos diferenciados. La palabra clave es DISFRUTAR, disfrutar de lo que hago en cada ocasión. Quiero sacar el máximo de jugo a cada momento que viva.

Mientras estaba pensando cómo plasmar esta idea en el papel para contártela, me he topado con esta entrada (tiempo de calidad) del blog “Planeando ser padres” que habla del tiempo de calidad que pasamos con nuestros hijos. ¿Es más importante la cantidad o la calidad del tiempo que pasamos con ellos? Este debate tan habitual tiene mucho que ver con lo que necesito. Busco tiempo de calidad, aunque no solo para estar con mis hijos sino para todo lo que hago.

¿Te apetece a ti lo mismo? Te muestro como lo voy hacer yo por si puede ayudarte. Lo fundamental es tener atención plena y ausencia de interferencias en cada momento. Para esto he diseñado un horario, tipo el que usan los niños en el colegio, donde cada color es una actividad. Cada tarea tiene su franja horaria y el compromiso y esfuerzo consiste en cumplir con ese horario en cuerpo y mente. Por ejemplo, en la franja BLOG me dedico en exclusiva al blog y cuando llega el momento NIÑOS estoy plenamente con ellos.

¿Qué te parece? ¿Cómo lo hace tú?

Texto: Raquel Reguero

¿CUAL ES LA MEJOR DEFENSA?

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En el parque. Un niño se acerca a mi hijo y le intenta quitar su pelota. Mi hijo se aparta sin querer dejársela y el primero le propina un empujón. Me acerco y le digo al niño: “no se pega, le haces daño”.

Veo que la madre abandona el banco donde está sentada y me pregunta que quién soy yo para reprenderle a su hijo, que ella ya sabe educar a sus hijos. No lo dudo. Yo no soy nadie.

No intentaba educar a tu hijo, intentaba enseñar al mio que cuando alguien le pega debe decirle que eso no está bien, que le hace daño y que se siente mal. Como él todavía no es capaz de hacerlo y su respuesta más rápida suele ser un manotazo, intento que aprenda a través del modelo (porque yo soy un modelo a seguir para mi hijo, no para el suyo) que:

  • No se pega.
  • Se puede defender y evitar conflictos mayores hablando y expresando lo que siente.

Por suerte y hasta el momento mis hijos no han pegado en exceso, ni les han pegado. Una de las normas que hay en casa es: “no se pega, bajo ningún concepto.” De la misma forma que yo no pego a mi marido, ni mi marido me pega a mi, no pegamos a nuestros hijos y no permitimos que ellos nos peguen.

En relación a este tema he oído a muchos padres y madres decir: “no pegues, pero si te pegan defiéndete”. El eterno empezó él.

Un niño se puede sentir agredido por muchas razones. Porque le quitan un juguete, porque le hablan muy fuerte, porque le pisan la mano… yo creo que si fomentas que tu hijo se defienda pegando, puedes estar dándole argumentos para pegar.

Quizás lo que tengamos que hacer es ofrecerles herramientas para “defenderse” sin la necesidad de pegar. Se me ocurren estas:

1.- Evitar el conflicto. ¿No lo hacemos los adultos en muchas ocasiones? Cuando estamos en la cola del super y alguien se cuela, ¿no ignoramos lo que ha hecho? ¿O le hacemos saber que se ha colado de buenas maneras?¿Porque sabemos que el conflicto puede ser mayor?

2.-Hablarlo. Que no peguemos no quiere decir que no expresemos nuestro malestar por algo que nos han hecho y que nos ha parecido una agresión.

3.- Alejarnos. Cuando mis hijos se enfadan conmigo y me tratan mal, intento decirles que a pesar de que pueda entender su disgusto no permito que nadie me trate mal, que no quiero estar con personas que me traten mal; de la misma manera que espero que ellos tampoco permitan que les traten de malas formas.

Y tú, ¿Qué mas herramientas me puedes dar para evitar las peleas?

¿La mejor defensa es un buen ataque?

Te espero en comentarios, seguro que tu opinión me ayuda.

Un abrazo,

Judith.

PROPÓSITOS PARA EL AÑO NUEVO

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Con este título dirás: “Esta muchacha se ha vuelto loca. Estamos empezando septiembre y nos viene ahora con el año nuevo”. Tranquilidad, no te preocupes por mí, hace mucho que soy así. Lo que realmente te quiero contar es por qué a finales de año no suelo hablar de los propósitos para el año nuevo como hace mucha gente. Es muy sencillo: yo no me planteo nuevos propósitos en diciembre sino en agosto. Te diría más, para mí el cambio de año en la práctica se produce en septiembre y no en enero.

En agosto es el único mes que dispongo de varias semanas de vacaciones con tiempo para reflexionar sobre cómo han ido los meses anteriores, valorar lo que me está aportando mi trabajo y proponer mejoras. En diciembre me resulta imposible realizar esta introspección ya que no tengo vacaciones, pero mis hijos si, y son fechas de compromisos y ajetreos.

Una segunda razón para empezar el año en septiembre es por el comienzo del curso escolar. Es éste el que marca mis horarios y mis ritmos. El gran punto de inflexión en mi agenda se da en septiembre (más exactamente en octubre cuando termina la jornada reducida en el colegio).Me parece que en el caso de los padres y las madres nos resultaría más práctica una agenda escolar que una de año natural.

¿Qué te parece? ¿Cuándo te planteas tú los propósitos nuevos? ¿Deberíamos comernos las uvas a finales de agosto? Me encantaría leerte en comentarios.

Texto y fotografía: Raquel Reguero