PECHO O BIBERÓN

pecho-o-biberon

 Como quizás sepas, soy mamá de dos niños y desde antes de estar embarazada sabía que quería darles el pecho y así lo hice. Fue una experiencia fabulosa.

Son bien conocidas las propiedades nutritivas de la leche materna y, además, estoy convencida de que ese momento de conexión entre madre e hijo que se produce alimenta tanto o más que el blanco líquido.

Si hubiera dependido solo de mi les hubiera dado pecho durante años pero, mis dos angelitos decidieron que 9 meses era suficiente y a partir de ese momento pasaron a la leche artificial tomada en biberón.

Lo que no renuncié fue al momento mágico que se creaba entre los dos durante las tomas.  Sobre todo, disfrutaba de la primera comida del día cuando los demás dormían y el silencio reinaba en casa.

Uno de esos días escribí este texto que quiero compartir ahora contigo:

“El momento más intenso y especial que pasa por la mañana la Princesa no es en compañía de los enanos de la terraza, ni de las flores, ni de su gran taza de desayuno. No tiene que ver con sus sueños ni con su imaginación. Son los minutos más reales que vive y los comparte con su, cada vez menos, bebé.

Calentar la leche, preparar el biberón agitando fuerte para que los cereales se deshagan al completo y buscar un babero limpio son los actos más bonitos que hace la Princesa al poco de levantarse.

Despertar al bebé con un beso, darle los buenos días y escuchar su singular respuesta es lo que merece la pena de verdad.

Ayudarle a tomar su desayuno sentado en el regazo, limpiarle sus delicados labios cuando termina y darle el chupete es lo que da energía a la Princesa.

Acostar de nuevo al bebé, acercarle su peluche y despedirse con un “te quiero” es lo que relaja a la Princesa y la hace sentirse viva.

Son los minutos más increíbles y más llenos de emociones que se pueden sentir.”

 

Decidas lo que decidas estará bien decidido. Que sea tu elección, no la de los demás. Disfrútalo. Os lo merecéis.

Texto: Raquel Reguero

Ante el cambio: tengo miedo.

Imagen, Pintura, Pintado, Mariposas, Dos, Dos Mariposas

Que sí, que ya sé que tenemos que aceptar situaciones, mirar para adelante, coger impulso, aprender de los errores, coger el toro por los cuernos, salir de la zona de confort,etc. Que sí, que ya lo sé. Que yo misma he escrito varias veces sobre todo ello, que he leído varios libros sobre el tema,  que he hecho curso sobre ello, que puedo dar consejos y repetir la teoría. Pero que tú y yo sabemos que la práctica es diferente.

Se avecinan tiempos de cambio, en todos los sentidos la verdad. En el profesional y en el familiar. Y parece que todas las bases de mi existencia empiezan a tambalear, parece que no piso en tierra firme, y me mareo.  Sí, lo puedes llamar miedo, canguelo. Mi pareja me mira y me dice: “¿te busco un pañal?” y no me vendría mal, estoy cagada.

¿Reconoces esa situación de tener ganas de enfrentarte a un reto, pero paralizarte por el miedo que ese reto te produce? No es sólo que cambie de trabajo. Eso sería asumible. Es todo lo que va a implicar: menos rato con los niños, menos rato con mi pareja, menos rato para mí, más cansancio, más stres,…

No te voy a negar que cuando pienso en mi nueva jornada laboral me siento mala madre. Yo que decía a diestro y siniestro que nunca les dejaría en comedor mientras pudiese, me encuentro ahora replanteándomelo. Qué ricas están mis palabras, porque ahora me las tengo que comer con patatas.

Yo, con lo mal que llevo el cansancio, que si estoy muy cansada no como, ni hablo, solo gruño, no me aguanto ni a mi, ni a nadie.

Yo, que he presumido y dado consejos sobre lo bueno que es sacar un ratito para ti, mirar al cielo, sonreir a los pajaritos, mirar la forma de las nubes, meditar, escribir, pensarte a ti misma. ¿Ahora cómo lo hago? Si estoy cansada no puedo.

No antes no te mentí, antes era verdad, y ahora también. Ahora creo que va a ser más difícil hacerlo todo. O igual no, quién sabe. Tú y yo sabemos que la práctica es diferente.

Un abrazo,

Judith.

CÓMO VIVIR CON UNA ENFERMEDAD CRÓNICA

enfermedad-cronica

 

Cuando te pones enfermo vas al médico con la esperanza de curarte pronto. La mayoría de las veces ocurre así, a los pocos días de empezar el tratamiento desaparece la enfermedad.

Por eso, quizás, es complicado asimilar el diagnóstico de una enfermedad crónica. Es decir, de una enfermedad que nunca se va a curar. Te pondrán un tratamiento, muchas veces de por vida, que aliviará los síntomas pero no te curara´.

¿Qué hacer en esta situación? No te quedará más remedio que aprender a vivir con tu enfermedad. No hay más secreto.  Es fácil decirlo pero, no es fácil hacerlo para algunas personas. Algunas recomendaciones que pueden ayudarte en este aprendizaje son:

  • Elabora una rutina para no olvidar tomar tu medicación (Siempre a la misma hora, siempre antes o después de realizar una actividad concreta…)
  • Dicen que tener un pastillero bonito  o que te haya regalado alguien especial para ti puede ayudarte a no olvidar tu medicación.
  • Habla abiertamente de tu enfermedad, con toda naturalidad.
  • Si tu enfermedad te permite seguir realizando las actividades que hacías antes del diagnóstico, continua con ellas. Si no, adáptalas a la nueva situación o sustitúyelas por otras. Sigue haciendo lo que te gusta.
  • Si lo consideras necesario, acude a un psicólogo que te ayude a aceptar tu nueva realidad. También son de gran ayuda los grupos de apoyo. Tu médico te podrá informar de la existencia de estos grupos o asociaciones.
  • Sigue los consejos de tu médico y olvídate de internet. Quien de verdad conoce tu situación personal es tu especialista. El señor Goglee no te conoce y, además, suele ser bastante alarmista.

Espero haberte ayudado. Recuerda que sigues siendo una persona  valiosa y capaz de hacer muchísimas cosas. Eres la persona, no la enfermedad. Quiérete y mímate.

Texto: Raquel Reguero

Caminante no hay camino…

 

…se hace camino al andar. Hacía tiempo que había perdido la costumbre de ir a los sitios andando. Con los niños pequeños, que se cansan rápido, que se aburren, me había acostumbrado a coger el transporte público cada vez que me tenía que alejar del barrio.

Este año, de vacaciones en el pueblo, por hacer compañía a mi padre, por apoyarle en su andadura de querer adelgazar, de cuidarse; decidí ir con él todos los días a caminar. Caminar por esos caminos de Castilla, que lo único que ves es polvo, piedras y paja alrededor. Que de vez en cuando te sorprende una finca de girasoles, girasoles que no miran al sol, y es que así está el mundo: del revés.

IMG_20160807_192717 (2)

Y ahora me escapo muchos días a caminar. Caminar por caminar, sin intención de llegar a ningún lugar, siempre de vuelta a casa. Caminar sola me despeja la mente. Sudo la mala leche. Dejo atrás el pasado para centrarme en el presente.

Caminar con gente me ayuda a escuchar aquello que tenga que decir. Ayuda también a que mis pensamientos se aclaren, a que te los diga, a que busque palabras para decirte aquello que pienso. Caminar, en silencio o charlando, da igual, caminar al lado comunica. Escucho palabras que no dices pero piensas, te muestro sentimientos que no sé mostrar.

Afloran sentimientos encontrados; disfruto del paisaje; me gusta cuando personas que no conozco me saludan por el simple hecho de compartir espacio y tiempo; cuando parece que los pájaros saludan al pasar; cuando las mariposas se camuflan con las hojas caídas de los árboles. Me gusta el ruido del ritmo de mis pasos, siempre constante. Me gusta descubrir rincones nuevos en caminos conocidos. Disfruto con los recuerdos pasados. Me gusta esa sensación de poder disfrutar con las pequeñas cosas. Y sentirme feliz.

¿Caminas conmigo?

Un abrazo.

Judith.