LAS ETAPAS DE TU VIDA

etapas

La vida son etapas. Algunas de ellas son universales y sobre todo se definen por la edad: La infancia, la adolescencia, la madurez o la vejez.

Estas etapas nos ayudan a organizarnos y entendernos pero, me gustan más las etapas individuales y personales por las que pasamos cada uno.

Tu vida ha podido pasar por las siguientes etapas: vida con tus padres, vida universitaria, búsqueda de empleo, independencia, vuelta a casa de tus padres…

Quizás distingas estas otras etapas en tu vida: vida de soltera, vida en pareja, matrimonio, hijos…

Es muy posible que definas otras etapas diferentes en tu vida. Cada persona tenemos nuestras propias etapas y es un ejercicio recomendable pararnos un momento a pensar en ellas y ser conscientes de lo qué hemos aprendido en cada una.

La vida no es algo lineal, aunque muchas veces hayas pensado que sí. Y las etapas tampoco  están escritas desde el principio. Gracias a tus experiencias y aprendizajes de las etapas vividas creas las siguientes.

Por eso  nunca tires la toalla, no creas que ya no puedes cumplir tus sueños porque es tarde. No te conformes con la visión lineal y cronológica que te han enseñado de tu vida. Escúchate, aprovecha tu intuición y trabaja por lo que quieres.

Las etapas no vuelven pero, no merece la pena caer en la nostalgia. Cada nueva etapa te ofrece la oportunidad de volver a empezar con más experiencia. En cada nueva etapa eres más sabia que en la anterior.

Texto: Raquel Reguero

Lo que me hicieron creer

Resultado de imagen de pista de atletismo

Hace un tiempo leí  este post (http://www.elcaminorubi.com/el-blog/la-pista-del-terror/)  en la página de Erika Irusta de Caminó Rubi sobre una chica y sus clases de gimnasia. Parecía que lo había escrito yo. Me sentía tan identificada con cada una de sus palabras. ..

A mí también me etiquetaron como una de las torpes en gimnasia. En mi ikastola también era la clase de soinketa. Esa hora maldita que odiaba, en la que me sentía torpe, pesada, floja. Siempre me hicieron saber que no daba la talla, que casi todos mis compañeros eran mejores. Yo no sobresalía en ninguna de las disciplinas que se trataban en estas dichosas clases. Ni siquiera llegaba a lo que se suponía que debía llegar. Ni en el primer trimestre dedicado a pruebas de atletismo, ni en el segundo con pruebas propias de gimnastas , ni en el tercero con deportes en equipo. Nada. Todos se encargaron muy mucho de hacerme ver que yo no podía dedicarme a esto del deporte. Todavía me acuerdo del “Baina Reguero, mugi zaitez” (pero Reguero, muévete), que me decía un profesor mientras yo me esforzaba a tope en una prueba de correr. O de cuando los compañeros iban eligiendo de uno en uno los componentes de su equipo, dejando para el final a las torpes, a aquellas que nadie quería. Los “jos” de cuando tocabas en su equipo, la desilusión. Todos, incluso los “cuidado, te vas a caer” de mi madre, hicieron que creyese que yo no valía para eso del deporte, me hicieron creer que no valía para ninguna de las disciplinas existentes. Ninguno se fijó en que mi respiración no ayudaba a eso de correr, nadie me enseñó a cómo debía tomar el aire para no ahogarme. Nadie me dio la confianza suficiente para que se me quitase el miedo a saltar del potro, que era el miedo lo que me paralizaba, que no era mi capacidad de saltar.  Pero como pasa casi siempre en el sistema educativo, todos se fijaban en el resultado, no en la causa de esos resultados. La cuestión era que yo no saltaba el potro, poco importaba el porqué.

Ahora, ya con 35 años me doy cuenta de que no es verdad, y de que puedo disfrutar haciendo deporte. Demasiados años he tenido que necesitar para cambiar el autoconcepto que creé con la ayuda de todos los demás. Demasiados años sin disfrutar de los beneficios de la actividad física. Cultivando sólo mi mente, abandonando mi cuerpo. Sin darme cuenta que cuerpo y mente siempre, siempre deben ir de la mano.

¿Todavía siguen funcionando así las clases de gimnasia o soinketa? Espero que el sistema haya cambiado ya. Aunque me temo que no será así.

(Nota: no puedo dejar de dar las gracias a ese profesor que en una de las evaluaciones me puso un 9 en soinketa valorando el esfuerzo por mejorar que yo  había realizado, y dejando de lado el resultado de las pruebas).

Un abrazo.

Judith.

INSTAGRAM, COMO ME DESINTOXIQUÉ

instagram

Hace menos de un año me abrí una cuenta privada en Instagram. Mi motivación para hacerlo fue ver fotografías de decoración pero, pronto descubrí otros temas y me enganché a la aplicación sin remedio.

También empecé a publicar fotografías mías a modo de álbum con la intención de tener recuerdos de pequeños instantes que captaba con el móvil.

Hace unas semanas recibí un mail en inglés pidiéndome que confirmara que había solicitado un cambio de contraseña de  la cuenta de Instagram. Entendí, en mi “magnífico” inglés, que si no contestaba quería decir que era un error y que no había realizado ninguna solicitud. Así que no contesté.

A los pocos días otro mail. En ese entendí que si no había pedido cambio de contraseña clicara en un enlace que me facilitaban. Pensando que así me dejarían tranquila, hice clic.

Pues me quedé sin cuenta., sin poder recuperarla y con un gran disgusto sobre todo porque había perdido mis fotos. Con lo entretenida que estaba con esa aplicación, no dudé en abrirme otra cuenta.

A los días empecé a recibir los mails de haber solicitado cambio de contraseña de esta nueva cuenta. ¡No me lo podía creer! Esta vez no cliqué y la cuenta se bloqueó. Imposible entrar.

Así que tomé una decisión: DESINSTALÉ INSTAGRAM de mi móvil. Y lo mejor de todo fue que no pasó nada. No tengo Instagram y la vida sigue.

Ha sido una cura de desintoxicación estupenda. Como me dijo una vez mi padre, hay veces en las que te hacen favores sin saberlo. Muchas gracias Instagram (o quien mandara los mails).

Por cierto, gracias a mi hermana he recuperado mis fotos y he hecho un bonito collage con ellas que quedarán impresas en papel para mi disfrute.

Texto: Raquel Reguero