Lo que me hicieron creer

Resultado de imagen de pista de atletismo

Hace un tiempo leí  este post (http://www.elcaminorubi.com/el-blog/la-pista-del-terror/)  en la página de Erika Irusta de Caminó Rubi sobre una chica y sus clases de gimnasia. Parecía que lo había escrito yo. Me sentía tan identificada con cada una de sus palabras. ..

A mí también me etiquetaron como una de las torpes en gimnasia. En mi ikastola también era la clase de soinketa. Esa hora maldita que odiaba, en la que me sentía torpe, pesada, floja. Siempre me hicieron saber que no daba la talla, que casi todos mis compañeros eran mejores. Yo no sobresalía en ninguna de las disciplinas que se trataban en estas dichosas clases. Ni siquiera llegaba a lo que se suponía que debía llegar. Ni en el primer trimestre dedicado a pruebas de atletismo, ni en el segundo con pruebas propias de gimnastas , ni en el tercero con deportes en equipo. Nada. Todos se encargaron muy mucho de hacerme ver que yo no podía dedicarme a esto del deporte. Todavía me acuerdo del “Baina Reguero, mugi zaitez” (pero Reguero, muévete), que me decía un profesor mientras yo me esforzaba a tope en una prueba de correr. O de cuando los compañeros iban eligiendo de uno en uno los componentes de su equipo, dejando para el final a las torpes, a aquellas que nadie quería. Los “jos” de cuando tocabas en su equipo, la desilusión. Todos, incluso los “cuidado, te vas a caer” de mi madre, hicieron que creyese que yo no valía para eso del deporte, me hicieron creer que no valía para ninguna de las disciplinas existentes. Ninguno se fijó en que mi respiración no ayudaba a eso de correr, nadie me enseñó a cómo debía tomar el aire para no ahogarme. Nadie me dio la confianza suficiente para que se me quitase el miedo a saltar del potro, que era el miedo lo que me paralizaba, que no era mi capacidad de saltar.  Pero como pasa casi siempre en el sistema educativo, todos se fijaban en el resultado, no en la causa de esos resultados. La cuestión era que yo no saltaba el potro, poco importaba el porqué.

Ahora, ya con 35 años me doy cuenta de que no es verdad, y de que puedo disfrutar haciendo deporte. Demasiados años he tenido que necesitar para cambiar el autoconcepto que creé con la ayuda de todos los demás. Demasiados años sin disfrutar de los beneficios de la actividad física. Cultivando sólo mi mente, abandonando mi cuerpo. Sin darme cuenta que cuerpo y mente siempre, siempre deben ir de la mano.

¿Todavía siguen funcionando así las clases de gimnasia o soinketa? Espero que el sistema haya cambiado ya. Aunque me temo que no será así.

(Nota: no puedo dejar de dar las gracias a ese profesor que en una de las evaluaciones me puso un 9 en soinketa valorando el esfuerzo por mejorar que yo  había realizado, y dejando de lado el resultado de las pruebas).

Un abrazo.

Judith.

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