HABITOS QUE ME HACEN SENTIR BIEN (II): EJERCICIO FISICO

HABITOII

 

Ya os hablé de mi hábito de leer aquí. Siguiendo con los hábitos que me hacen sentir bien, hoy quería compartir el hábito del EJERCICIO FÍSICO.

El ejercicio físico que yo realizo es muy moderado. Para aquellos que seáis asiduos al gimnasio o grandes corredores os parecerá ridículo. Se limita a caminar 45 minutos a paso ligero tres días a la semana y pedalear 25 minutos esos mismos días sobre la bicicleta estática.

A pesar de no ser una gran deportista, los beneficios que he obtenido practicando este ejercicio han sido notables. He mejorado físicamente y, sobre todo, animicamente. El caminar al aire libre me permite despejarme y hace que vea las cosas desde distinta perspectiva. Me abre la mente y me hace sentir más animada y contenta. Me enfrento al día a día con otra actitud. Lo considero muy buena medicina y sin efectos secundarios adversos.

He de reconocer que me costó varios intentos establecer este hábito ya que soy muy perezosa para trabajar el cuerpo. Lo conseguí centrándome en los resultados que obtenía. En los resultados de satisfacción y bienestar que me producía esa práctica. La pereza es cuestión de segundos, una vez que me pongo en marcha todo fluye.

Cuando camino trato de centrarme en el momento presente: en lo que veo, lo que huelo, lo que oigo, lo que siento… Así lo disfruto conscientemente.

En la bicicleta hago todo lo contrario. Al ser una bicicleta estática me resulta aburrido poner el foco en el presente, así que aprovecho para mirar correos o videos en Youtube.

Cada uno debe buscar su estrategia y su deporte.

Texto: Raquel Reguero

HABITOS QUE ME HACEN SENTIR BIEN (I): LEER

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Se me ha ocurrido escribir sobre varios hábitos que tengo que me ayudan a sentirme bien. Os los iré contando en distintas entradas por si pueden daros alguna idea. Voy a empezar con el hábito de LEER.

Desde pequeña me ha gustado mucho leer y he leído siempre que he podido. Mi madre cuenta una anécdota al respecto de cuando yo era niña:

“En clase os decían que leyerais lo que os gustara. La única condición era que teníais que entregar un resumen a la profesora cada vez que acababais un libro. Tú le llevabas un resumen casi todas las semanas hasta que un día volviste del colegio muy enfadada. Resulta que la profesora te había dicho que hacías trampas: o te estabas inventando los resúmenes o los copiabas de la contraportada del libro. Era imposible que leyeras tanto.

Tenías tal disgusto que fui donde ella para decirle que no mentías. Que leías todos esos libros porque te gustaba muchísimo. La profesora te pidió perdón y seguiste leyendo y entregando resúmenes semanales.”

He continuado con esa afición a la lectura desde entonces. Lo dejé un poco abandonado durante la época universitaria ya que tenía tanto que leer por obligación que en mi tiempo libre prefería hacer otras cosas. Después lo retomé.

Ahora mismo leo todos los días. Leo por puro placer. Es mi momento de desconexión. Cuando me acuesto, por lo menos leo 30 minutos y eso me permite descansar a pierna suelta, como suele decirse. Por muy tarde que sea, ese momento es algo vital para mí.

Así que si voy a dormir fuera de casa, no puede faltarme un libro junto al pijama y el cepillo de dientes.  ¿Me recomiendas alguno?

Texto: Raquel Reguero.

EN LA ERA DE LAS PANTALLAS

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Hace unos años me encontré con una situación curiosa: Cuando castigaba a mi hijo sin ver la televisión (porque yo también he usado el castigo como contaba aquí ) él era capaz de jugar a un montón de cosas sin protestar. Sabía que no podía ver los dibujos animados y ni los pedía. Ocupaba su tiempo en otras actividades.

En cambio, los días que no había restricción era capaz de ver la televisión durante horas y no se le ocurrían más cosas que hace. Parecía otro niño. Daba miedo, como si le hipnotizara la pantalla.

Así que decidí poner un horario limitado para ver los dibujos. Después de hablar con él, juntos llegamos a la conclusión de que a las 19.30 era buena hora para comenzar a ver la televisión siempre que antes estuvieran los deberes hechos y la habitación recogida.

Actualmente, antes de esa hora juega a lo que se le ocurre y no echa en falta la televisión, ni la menciona.

Hay gente que piensa que es una norma muy rígida pero, a mi me ha funcionado para que mis hijos no sean abducidos por una caja conectada a la red. ( con caja conectada a la red amplío el término para referirme no solo a la TV sino también al ordenador, PSP o similares, tablet, móvil…)

¿Te has encontrado con la misma dificultad? ¿Cómo lo has superado?

Texto: Raquel Reguero

EL TRICICLO

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Utilizo mucho las metáforas para explicar a los demás lo que pienso y para conversar conmigo misma. (Si, yo también hablo sola)

Una metáfora que uso es la del triciclo. El triciclo es mi vida con sus tres ruedas: mis hijos, mi marido y el trabajo. Trato de cuidar de las tres ruedas porque cuando alguna pincha el camino se complica.

Hubo un momento de mi vida en que las tres ruedas estaban pinchadas, así que sentía una gran cuesta arriba y no sabía qué rueda arreglar primero porque los clavos eran grandes y un simple parche no solucionaba el problema.

En esas estaba, subiendo la rampa con el triciclo en los hombros (aquello no rodaba), llorando de cansancio e impotencia cuando paré en seco. Paré y escuché una vocecilla que venía de mi interior y me preguntó: “Las ruedas son importantes para que el triciclo ande. Pero, ¿qué más necesitas?” La respuesta vino clara a mi mente: “Un conductor. Yo soy la conductora de mi triciclo y estoy tan preocupada por las ruedas que me he olvidado de mi.” Fue toda una revelación.

¿Cómo puedes cuidar bien de tus hijos sino te cuidas tú primero? ¿Cómo puedes conseguir un ambiente agradable con tu pareja sino te sientes bien contigo mismo? ¿Cómo puedes disfrutar en tu trabajo sino tienes fuerzas para levantarte de la cama?

Recuerda que tú eres el conductor de tu vida. Es importante que el vehículo esté en buenas condiciones y es indispensable que el conductor esté en estado óptimo para hacerlo andar.

Texto: Raquel Reguero

MOVIL, EDAD O NECESIDAD

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Conversación con mi hijo (9 años) a los pocos días de empezar el curso:

  • Mamá, todos los niños de mi clase tiene móvil. ¿Cuándo voy a tener yo?
  • ¿Todos?
  • Bueno, hay alguno que no ( y empieza a nombrar unos cuantos)
  • Así que “todos” no tienen móvil. Será mejor decir que “algunos” tienen. ¿Qué te parece?
  • ¿Y a mí con cuántos años me vais a comprar uno?
  • ¿Para qué lo quieres?
  • Para llamarte cuando no estemos juntos.
  • ¿En qué momentos estamos separados y quieres hablar conmigo?
  • (Silencio)
  • Cuando estás en el cole, estamos separados. ¿Necesitas entonces el móvil para llamarme?
  • No
  • Cuando estás en el entrenamiento, tampoco estamos juntos. ¿Vas a llamarme entonces?
  • No
  • ¿Cuándo más estamos separados?
  • Siempre estamos juntos.
  • ¿Crees que necesitas un móvil?
  • No

Traté de que mi hijo se diera cuenta de que lo más importante para tener un móvil no son los años que tenga sino la necesidad de él. Un móvil, desde mi punto de vista, no es un juguete aunque muchas veces lo utilicemos como tal.

Por eso intento no juzgar a las familias que dan un móvil a un niño de 9 años. Desconozco sus circunstancias y necesidades. Quizás, por tema de trabajo de los padres, los niños necesitan hablar con ellos a la salida del colegio. Quizás, los niños han empezado a coger el autobús  solos para volver a casa y los padres prefieren ir hablando con él durante el trayecto. Quizás… Hay demasiados “quizás” para juzgar.

Lo que si critico es el uso inadecuado que hacen muchos niños, también adultos, del móvil. Pero esto ya sería tema de otra entrada.

Texto: Raquel Reguero

Fronteras

 

fronteras

A todos se nos llena la boca denunciando la situación por la que están pasando miles de refugiados en las fronteras, llenamos Facebook y las redes sociales compartiendo vídeos de la vergüenza, hablamos en los bares y en las reuniones, criticamos a los políticos y gobiernos: Y Hacemos todo ello con fundamentos suficientes, con razón.

Sin embargo no nos damos cuenta que ese negro que te pregunta cómo llegar a un centro ambulatorio también puede ser un refugiado. Que esa mora que te mira con dulzura en el autobús también puede ser una refugiada; que esa china que te pide ayuda para encontrar una calle también puede ser una refugiada. Que ese palestino que acude a comprar a tu tienda y que no te entiende, también puede ser un refugiado. Que esa venezolana que lleva a su hijo al mismo cole que tú a tus hijos también puede ser una refugiada.

He visto cómo  tratamos en ocasiones a las personas inmigrantes, como les miramos con desprecio, cómo agarramos nuestro bolso, cómo cambiamos de acera, cómo criticamos que tengan acceso a la sanidad y a los servicios sociales, cómo no les queremos de vecinos. Y creedme las personas con condición de refugiados, no van con un cartel en la frente.

Los políticos y gobiernos tienen que hacer muchas cosas para mejorar la situación en las fronteras, en los países de origen y en los países de acogida. Pero nosotrxs también tenemos muchas cosas por hacer, aquí y ahora.

Judith.

HERRAMIENTAS PARA SER OPTIMISTA

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Como ya te comenté aquí, si quieres ser más optimista solo tienes que cambiar tu forma de pensar. Hay dos herramientas que te pueden ayudar:

1.- DISTRACCIÓN. Se trata de pensar en otra cosa. Cuando te das cuenta de que estás teniendo un pensamiento pesimista, STOP. Para y piensa en cualquier otra cosa que te resulte agradable. Al parar el pensamiento negativo, rompes la rueda.

2.- DISCUSIÓN. Es un método más duradero que la DISTRACCIÓN y requiere un poco más de trabajo por tu parte. Se trata de comprobar que tus creencias son ciertas. Para esto pregúntate:

  • ¿Cuáles son las pruebas objetivas que validan esa creencia? ¿Qué hechos objetivos tienes para pensar así?
  • Busca todas las causas que hayan podido contribuir a la situación negativa que estás viviendo. (Generalmente nos quedamos solo con la primera que se nos ocurre y suele ser negativa y exagerada)

La DISCUSIÓN la puedes practicar tú solo o con la ayuda de otra persona que te escuche y te guíe en las preguntas. También puede ayudarte a avanzar si te quedas bloqueado.

Aviso importante: Cuando estés trabajando con la DISCUSIÓN pregúntate si es útil para ti pensar en eso precisamente es ese momento. Si la respuesta es NO, entonces recurre a la DISTRACCIÓN y ya volverás a la DISCUSIÓN en otro momento más adecuado.

Te facilito estas dos herramientas porque parece que ser pesimista es algo terrible y algunos quieren cambiarlo. Pero muchas veces olvidamos que los pesimistas son más tristes pero también más juiciosos. Juzgan con mayor precisión qué cantidad de  control disponen. Los optimistas creen que ejercen sobre las cosas más control del que en realidad tienen.

Precisamente por sus diferencias es muy interesante, si queremos tener un grupo equilibrado, tener varios pesimistas y varios optimistas juntos. Lo que realmente sería terrible es que todos fuéramos pesimistas u optimistas.

Texto: Raquel Reguero