TU HERMANO TIENE SUPERPODERES.

En Osoa Acción Integral contamos hoy con una de las colaboraciones más personales y emotivas que hemos tenido hasta el momento. Una madre que nunca tira la toalla, que saca fuerzas de donde no creía que tenía, y que nunca se rinde. Compartimos el texto con vosotro/as desde la emoción y la admiración:

VUESTRO HERMANO TIENE SUPERPODERES.

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Cuando buscas tu primer hijo con ilusión nunca piensas que  algo puede ir mal. Cada día de tu embarazo dejas de pensar en ti y cuidas cada cosa que haces, comes e incluso sientes. Si no has pasado la toxoplasmosis: fuera el jamoncito serrano, el chorizo… Cuando quedas con tus amigas: olvídate de la cañita, el vino tinto o el cubata.

                Pero por mucho que repitamos la frase “me da igual que sea niño o niña, sólo quiero que nazca bien”; nunca preparamos nuestra mente para enfrentarnos a que la situación sea la contraria.

                En mi caso tuve a mi “super Danel” muy joven. El parto fue sin epidural y no hubo ninguna incidencia. Las convulsiones aparecieron al quinto día de su nacimiento y como yo era una madre primeriza, “de libro”, cuando me dijeron que ingresaban a Danel en la U.V.I. y yo me tenía que ir a mi casa, lo primero que se me pasó por la cabeza fue: “¿¿Doctor, se va a morir??”

                EL día 24 de diciembre nos dieron el alta con un tratamiento para parar sus convulsiones y mucho miedo. A los tres meses, cuando parecía que todo iba bien, los espasmos aparecieron y vuelta al hospital. Pruebas, nueva medicación y cada día Danel iba desconectándose más de nuestro mundo.

                A los 8 meses, por medio de una amiga, llevé a mi pequeño a que le valorase una de las mejores personas que conozco. Es fisioterapeuta y ha sido nuestro ángel de la guarda durante este proceso tan difícil.

                Los médicos no me daban ninguna solución y menos un diagnóstico preciso. La sensación de que estaba loca y de que era una madre histérica nunca desapareció. Por suerte, el apoyo de mi familia y el nacimiento de mis otros dos fierecillas han hecho que nunca haya tirado la toalla. Han sido siete años de lucha, de idas y venidas a diferentes hospitales y consultas médicas: Barcelona, San Sebastian, Toulouse, Santander, Pamplona… Muchos diagnósticos imprecisos, mil pruebas (análisis de sangre, electroencefalogramas, test genéticos, resonancias magnéticas….) y tratamientos a tutiplén. Algunos muy eficaces y otros, todo lo contrario. Pero cuando eres madre y lo único que quieres es lograr que tu hijo sea feliz, autónomo y que no sienta la frustración diaria (porque es consciente que sus hermanos hacen cosas que por mucho que quiera, no es capaz de hacerlo), inviertes tiempo, dinero y energía sin poner límites.

                Hace un año y gracias a todo el apoyo recibido, fuimos a Madrid y por fin Danel tuvo su diagnóstico: trastorno de espectro autista (T.E.A.)

                Paralelamente, comencé a introducir cambios en su dieta: sin gluten, sin leche de vaca, sin azúcar blanco, ni golosinas…. Al principio, tanto mis padres como mis hermanos, no entendían mi obsesión por la nutrición. Danel era como una plantita, cuando se le acababa la energía se quedaba mustio, y en cuanto bebía y comía algo, revivía (picos de hipoglucemia).

                Hoy por hoy, guiada por otro ángel que ha aparecido en nuestras vidas, la calidad de vida de toda la familia ha mejorado mucho. Los momentos difíciles de Danel han disminuido,  ya no se escapa de casa ni tiene tantas conductas agresivas. Cada persona que le conoce dice de él que tiene un corazón enorme, unos ojos de sabio y como les digo a sus hermanos: tiene “super poderes”.

                 Mi equipo lo formamos, mis tres hijos, la perrita, que vive desde hace unos meses con nosotros, y yo. Todo el equipo vivimos y disfrutamos cada día de los momentos buenos y no tan buenos.

                Animo a todo el mundo que se encuentre en mi situación que NUNCA TIRE LA TOALLA porque las piezas poco a poco encajarán. Estoy segura.

                Cuando sea viejecita, uno de mis microobjetivos es crear una asociación para padres y niños con dificultades que asesore y ayude a encontrar un diagnóstico, porque si sabes cuál es el problema es mucho más fácil ponerle solución, y así evitar que sientan la sensación de frustración e incomprensión que he vivido durante años.

 Texto: Una madre que nunca se rinde.

Aprender a ganar.

Lachende Kinder

Enseñamos muchas cosas a nuestros hijos. Somos padres/madres preparados, hacemos cursos, acudimos a charlas, sabemos que la parte emocional, que en nuestra educación de los ochenta era nula, es muy importante para ellos. Tan importante como cualquier otro conocimiento o habilidad. Con las emociones, negativas y positivas, tendrán que lidiar toda la vida, y aunque es una enseñanza complicada, es apasionante mostrarles el camino. De nuestra mano aprenden a sentir, a afrontar, y, en definitiva, a vivir. Nos afanamos, pues, en el aprendizaje de las emociones, que en el mundo del deporte se centran en dos polos: las que producen perder, y las que produce ganar. En ese orden, porque se pierde muchas más veces de las que se gana, y es perdiendo como uno aprende a volver a intentarlo, a esforzarse, y a conseguir ganar.

Como padres preocupados por los sentimientos de nuestros hijos, intentamos prepararles para  afrontar la emoción de perder;  el fracaso, el dolor, la frustración, y el miedo a volver a intentarlo que acarrea. Pero raras veces les enseñamos a ganar. Se nos olvida hacerles ver, que para que nuestro triunfo se produzca, tiene que haber un perdedor, alguien que en ese momento se siente mal, triste, frustrado. Es importante que sepan, que además de saborear el placer del triunfo, estaría bien tender una mano al que ha perdido, haciéndole sentir que ha sido un rival duro, que la competición se queda en el campo, y que podemos ser amigos. Volverse hacia el perdedor, y valorar su esfuerzo,  hará que nuestros pequeños hayan conseguido un gran éxito en muchos más terrenos, que en el terreno de juego.

 Texto y fotografía: Lucía Quintana, Psicología y Deporte.

ABRAZOS

ABRAZOS

Mamá, ¿me das un abrazo? Me pedía Xavier antes de irse a dormir. ¡Claro que sí! Mamá, hoy quiero un abrazo de oso polar. El peque de la familia había tenido un día gris. Aquellos días donde parece que las fuerzas del firmamento se han conjurado para que nada salga como nosotros queremos.
Tras un largo abrazo, él me susurra al oído: ¡ahora me siento mucho mejor! Te quiero mamá.

El abrazo es un excelente medio de comunicación que no necesita ser hablado ni expresado a través de palabras. Facilitan la comunicación afectiva y el sentimiento de empatía. Es una manera excepcional de expresarles a nuestros hijos lo mucho que les queremos.

Los abrazos son una grandiosa medicina que transfiere energía. Nos ayudan a fortalecer el vínculo que tenemos con nuestros pequeños. Nuestros abrazos les hacen sentirse seguros, les tranquilizan, les relajan, les liberan del estrés, les hacen enormemente feliz. Es el mejor bálsamo para que, en los momentos complicados, les ofrezcamos consuelo. Los abrazos deshacen la soledad y el miedo. Además son uno de los mejores motores para el desarrollo de la inteligencia emocional y la autoestima.

En casa utilizamos diferentes tipos de abrazos. Está el “abrazo de oso polar”, abrazo consolador, cariñoso, cálido, que persigue animar y que el otro sienta que puede contar contigo. Un abrazo cargado de seguridad, afecto, efecto, fuerza, apoyo y reafirmación.

El “abrazo de pingüino”, es corto y juguetón, donde las mejillas se juntan y con él la risa está asegurada si se acompaña con una buena dosis de cosquillas. Abrazo para compartir en momentos distendidos y reconfortantes.

El “abrazo volador”, mí preferido, es aquél que nos dan cuando echan a correr con ímpetu al vernos llegar. Abrazo lleno de magia, ilusión, espontaneidad y sorpresa. Cortos pero muuuuy intensos. Aquél momento que te alegran la llegada a casa o te hacen sentir única al ser la elegida.

Por último está el “abrazo zen”. Aquel que te llena de energía, que te carga las baterías. Un abrazo sublime, largo, abierto, tranquilo, agradecido, reconfortante y genuino. Un abrazo dado en silencio.

Abrazar es una maravillosa forma de dar amor a los que nos rodean, es acariciar el alma de quien tenemos cerca. Además no requieren de una maquinaria o equipo especial. La magia de un abrazo es que al darlo recibimos otro. Debemos enseñar a nuestros hijos a darlos y también a pedirlos. Los abrazos les hacen sentir fuerte, seguros, protegidos.

Un abrazo es el único traje que se amolda a todos los cuerpos,…

¿Y ahora qué esperas para dar un buen abrazo?

Texto y fotografía de Sonia Lopez   http://sonialopeziglesias.blogspot.com.es/

MIO, TUYO O DE QUIEN LO NECESITE. PRESTAR, DEJAR O SIMPLEMENTE USAR.

MIO, TUYO

Llevo ya mucho tiempo dándole vueltas al tema de las posesiones y al hecho de dejar/prestar “nuestras” cosas. Hay mucho escrito sobre este tema: Se dice que a los niños pequeños les cuesta mucho dejar “sus” cosas o por lo menos entender ese concepto. Hay quien dice que no hay que obligarles a dejar “sus” cosas hasta que ellos mismos estén preparados. Otras opiniones, menos respetuosas, dicen que hay que “enseñarles-forzarles-obligarles” a dejar las cosas ya de bien pequeños… Hay opiniones para todos los gustos.
Yo quiero ir un poco más allá con este tema. ¿Realmente es necesario que las cosas (de cada miembro de la familia) tengan un propietario? ¿No sería mejor que quien necesite algo lo use y si no se está usando lo pueda usar otro? ¿Realmente hace falta tener que pedir permiso para usar algo que nadie esté usando? ¿Por qué decimos los adultos por ejemplo, “mi taza” en vez de “la taza azul” o “la roja”?

A ver si me explico. Es evidente que usamos las palabras mio, tuyo, suyo, mi, tu, su… por inercia, inconscientemente. Yo me pregunto si no las usamos demasiado y sin necesidad. Hace años en casa también habían cosas sólo de Ainara o de Urtzi (Naikari aún no había nacido) pero a raíz de tener varias experiencias negativas con respecto a las posesiones me plantee un cambio radical de enfoque. Yo solía decir que esto es de Ainara o esto es de Urtzi y que se tenían que pedir permiso respectivamente para poder usarlas. No obstante, no me mantenía muy fiel a ello. Algo dentro de mi me decía que era “ridículo”, innecesario tener que pedir permiso para usar algo que nadie usaba simplemente por que en su día alguien se lo hubiese regalado a uno o a otro o por que uno lo había pedido el año pasado y ya tenía que ser suyo de por vida. ¿Realmente necesitan los niños saber que poseen algo en exclusiva? ¿En que les beneficia eso? ¿No les acarrea más problemas que otra cosa, esa actitud? Creo que somos los adultos los que realmente fomentamos ese sentimiento de posesión sobre las cosas al decir que algo es mio o tuyo en vez de ahora lo estoy usando yo y ahora tu y luego nadie, o sea lo puede usar el que lo quiera o necesite. Nuestro ejemplo y modo de hacer les influencia mucho. Personalmente, mis hijos nunca han tenido muchos problemas en dejar “sus” cosas. Quizás cuando eran muy bebés pero se les pasó enseguida. En cambio, sí he visto niños con un gran sentimiento de posesión. He estado observando este comportamiento durante años hasta llegar a la siguiente conclusión: Lo fomentamos y provocamos nosotros, los adultos, sin ser del todo conscientes. Cuando nuestro hijo tan solo tiene un año o dos y le decimos que esto o aquello essuyo, le hacemos dependiente de ese objeto y si encima cuando va al parque y ve algo de otro niño y lo coge le decimos: “Eso no es tuyo, no lo cojas, es de ese nene”. El niño interpreta y aprende que las cosas se poseen y uno tiene el poder de decidir no dejarlas aun que no se estén usando. ¿Qué hará entonces nuestro hijo? Pues, agarrase a lo suyo y no querer dejarlo. He visto ocasiones en que un niño está en un parque tan tranquilo jugando con algo solito y viene otro niño y coge su triciclo, patín, pelota… y empieza a jugar con el y la madre va a su hijo y le pregunta si le deja al niño jugar con su pelota, patín, triciclo… El niño, que ni tan siquiera se había dado ni cuenta, automáticamente responde que no. Es la actitud de la madre la que provoca en el niño ese “no”. Ella le da ese poder de decisión (la opción de decir no) al niño al preguntarle si se lo quiere o no dejar cuando ni tan siquiera se dio cuenta. Es como si el niño pensara: “Ah, pero… ¿puedo decidir no dejárselo aun que no lo necesite? Pues… entonces… no, no se lo dejo”. Al cabo de los meses y años, ese mismo niño puede un día llegar al parque y darle “su” bici a su madre y decirle que se asegure de que nadie la toque. La bici se pasa la tarde apoyada en el banco sin que nadie la disfrute. Claro que la bici es del niño pero podemos verlo de otro modo. El niño es quien la ha pedido y quien tiene la preferencia para usarla. Pero si un hermano u otro niño (amigo o no) la quiere o necesita, personalmente, pienso que debería poder usarla siempre y cuando no la esté usando nadie. Deberíamos poder usar y disfrutar de las cosas en vez de poseerlas sin más. Cuando les damos a los niños el “poder” de decidir si dejar algo o no aun que no lo estén usando no les hacemos ningún favor, en mi opinión. ¿Por qué un niño tiene la necesidad de no dejar algo que no está usando o necesitando? ¿Qué hay detrás de ese comportamiento? Cuando actuamos así es por que en el fondo los queremos respetar pero confundimos el respeto con fomentar otro tipo de valores. Les podemos respetar igualmente sin fomentar la posesividad por el simple hecho de haber comprado algo. Yo lo veo parecido a lo de fomentar la competitividad en el juego preguntando quién gana o quién ha perdido. Muchas veces los niños ni se plantean eso. Volvemos a ser los adultos quienes les “enseñamos” lo que precisamente, a veces, queremos evitar. ¿Por qué algo es más nuestro que del tendero, del fabricante, del diseñador… por el simple hecho de haber pagado 30 euros por ello? ¿Eso hace que yo tenga el poder total y absoluto para decidir que nadie puede usarlo o tocarlo sin mi consentimiento? ¿Por qué no simplemente usarlo mientras lo necesitemos y luego pasárselo a alguien más?

Nosotros tenemos muchas cosas recicladas, de segunda mano, prestadas, regaladas… en casa. La ropa de mis hijos va de persona en persona. La prima mayor se la pasa a Ainara y luego pasa a Naikari. Hay ropa que la pueden usar las dos. La ropa no es de Ainara o de Naikari. Simplemente Ainara la está “usando” ahora, antes la “usaba” su prima y el año que viene la usará Naikari si aún se puede llevar. Con todo lo demás pasa lo mismo. Urtzi es quien pide, necesita, desea los dinosaurios, los puzles, las pelotas, el violín… pero si él no lo está usando cualquiera puede usarlo sin tener que pedirle permiso. ¿Por qué iba él a tener el poder de decidir quién puede y quién no puede usar o disfrutar de algo que él no está usando ni necesitando en ese preciso momento? ¿A caso se puede alguien sentir bien viendo que alguien quiere usar algo que no necesitamos y negárselo? ¿En qué lugar queda la empatía? Lo único que sí intentamos respetar en nuestra casa es si alguien quiere o necesita ese “algo” en concreto que pidió en su día pues se lo devolvemos (dejamos de usarlo). Al no tener ese “poder”, alternativa para poder no dejar algo aun que no se use, casi nunca hay disputas por nada. Nadie le quita las cosas al otro sin más o por que son “suyas”. Ese argumento no vale, no tiene peso. Puede pasar que dos quieran algo al mismo tiempo pues ellos mismos suelen decidir que quien lo pidió en su día tiene preferencia o un rato cada uno… De hecho está en la casa gracias a que alguien lo pidió y de este modo todos podemos disfrutar de ello.
Habrá quien no estará de acuerdo con este planteamiento y quizás estará pensando: “Yo no dejo mi coche, ni mi ropa, ni mi…”a cualquiera aun que no lo necesite o no lo esté usando”. Supongo que la mamá que piensa así es la misma que le dice a su hijo/a que si no quiere dejar algo que no lo deje aun que no lo esté usando. Yo sí he dejado ropa y seguiría dejándola si no la voy a usar. También deje mi coche (de soltera) durante un año entero a un chico africano del pueblo por que nunca lo usábamos (siempre usábamos la furgoneta). Mucha gente no se podía creer que le hubiese dejado a Meisa el coche sin más. Lo único que le pedí, fue que si lo necesitábamos nosotros algún día me lo dejase y que no quería que lo usara los fines de semana más que para ir a trabajar. No queríamos que lo usara para ir de fiesta con los amigos. Se lo dejábamos para ir a trabajar y comprar. Un sábado me llamó al timbre tarde de noche para decirme que su hermano llegaba el domingo al aeropuerto de Barcelona (vivimos a hora y media de Barcelona) y me preguntó si podía ir a buscarle. Podía haber ido y seguro que no me hubiese dado cuenta pero no lo hizo. Al cabo de un año lo necesitamos y él se compro un coche igual. El día que me lo devolvió me dijo con lágrimas en los ojos que estaba muy agradecido y que nunca nadie había hecho algo así por él o confiando en él de ese modo… Yo también me emocioné. Mis hijos estaban presentes. Ellos lo vieron tan natural: “No usábamos el coche, él lo necesita, pues se lo dejamos”.

Creo que no hacen falta muchas más palabras, ¿verdad?

No hace falta que dejemos nada valioso para dar ejemplo a nuestros hijos. La verdad es que nunca me hubiese planteado prestar nada “mio” para demostrar nada, simplemente ocurrió y lo hice sin más.
Un día hablando sobre este tema con mi pareja, me dijo que cómo iba a dejarles usar el ordenador del trabajo o una herramienta peligrosa. No tenemos que dejarles usarlo todo. Podemos explicarles que ese ordenador es muy importante y que no nos podemos permitir que le ocurra nada malo. Dar esa explicación no es lo mismo que decir: “El ordenador de papá no se toca” o “No puedes usarlo ya que es de papá”. No pueden usar el ordenador del trabajo por que es muy delicado no por que sea de papá. De igual modo que no pueden usar la sierra eléctrica por que es demasiado peligrosa, no por que sea de papá o mamá. Si hay un hermanito/a pequeño/a en la casa pues más de lo mismo. No podemos dejar que rompa o estropee algo. Pero, repito que no es lo mismo decir: “no se toca por que no es tuyo” que por qué es frágil o delicado. Decir: “no te lo dejo por que es mio”, es una decisión arbitraria. No hay motivo aparente sino solo sentimiento posesivo por poseer y tener.

A nosotros nos va muy bien de este modo e incluso he visto como mis hijos han resuelto problemas con otros niños sobre este tema diciendo cosas tales cómo: “Ya sabemos que esta bici la usabas tu antes de que la usara tu hermana, simplemente la está usando ella ahora por que tu tienes la grande y ya no te hace falta esta”. A lo que el niño responde: “Vale, vale… pero esmía”. Y la hermana dice: “Que no, ahora es mía”. Si desde un principio ellos hubiesen visto que las cosas se usan, utilizan y tienen cuando se necesitan sin tener que poseerlas, ahora no tendrían este “problema” de apego cuando en realidad ya no necesitan el objeto en cuestión.
Personalmente, no creo que sea tan difícil ser algo más conscientes de cómo usamos las palabras y el poder que ejercen en nuestros hijos. Podemos empezar por cambiar el mio, tuyo… por el verbo usar. Luego viene lo más difícil: dejar de apegarnos tanto a las cosas materiales.

¿Cómo manejáis vosotros/as el tema de las posesiones?

Yvonne Laborda

Mi web: www.yvonnelaborda.com
Nuestro blog: APRENDIENDO TODOS DE TODO.
Fotografía: Raquel Reguero

LO NECESARIO PARA LOGRAR EL BIENESTAR

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El bienestar, podríamos traducirlo como aquello necesario para una buena vida, o vivir bien. Entre alguna de sus acepciones. Pero se dice que todo en esta vida es relativo. Me explico:

¿Qué es una buena vida? ¿Qué es vivir bien? ¿De qué depende? ¿Cómo se mide?

Para cada persona el bien-estar se verá influenciado entre otro muchos factores, (la localización geográfica, la sociedad,…) por la escala de valores o prioridades que se tengan personalmente. Este tema visto desde una visión materialista, hunde la mayoría de la población humana del planeta, si el dinero es el medio de conseguir el bienestar.

Es aquí donde encontramos la primera contradicción. ¿porque hay millonarios que lejos de su bienestar material, en algún caso, llegan al extremo de quitarse la vida? Disponen de todo lo que se puede comprar con dinero, ¿entonces? ¿no tienen todo lo necesario para vivir bien? La respuesta es muy sencilla: ¡¡NO!!

Por ejemplo Tailandia, es una país donde la mayor parte de la población vive en la probreza pero todo aquel que ha estado sabe que sus ciudadanos disponen de uno de los valores mas apreciados: FELICIDAD. Entonces, ¿la gente de Tailandia tiene bienestar?

En mi opinión, es un sí rotundo. Como decía antes depende de las prioridades que se tengan se puede alcanzar esa sensación que llamamos bien-estar. Y, ¿donde nacen las sensaciones? ¿No será que es de ese lugar de donde nacen, la llave que abre las puertas de la esencia de la vida y del vivir? Así es, orientar las prioridades hacia las cosas que no tienen precio, otorga una maravillosa emoción, conocida como BIENESTAR.

Texto: Eduardo Padilla, Maestro de Reiki

Imagen: Eduardo Padilla.