OPTIMISMO Y PESIMISMO

optimismo

Las cosas ocurren. Tanto las que gustan como las que no. Hay personas que ante las dificultades se crecen, se hacen fuertes y trabajan para salir adelante. En cambio, hay otras que se hunden y lloran su mala suerte. A las primeras las solemos llamar optimistas y a las segundas pesimistas. La diferencia entre unas y otras se encuentra en su manera de pensar.

Las personas pesimistas suelen explicar lo que les sucede en términos de “siempre” o “nunca”. Además, sienten que cuando fracasan en una cosa han fracasado en todo. Y también, se sienten culpables de lo que ha ocurrido.

Los optimistas dan una explicación de lo ocurrido totalmente diferente. Para ellos las cosas suceden “algunas veces” o “últimamente”. Sienten que han fallado en algo concreto pero siguen teniendo ánimos para las demás facetas de su vida y pueden buscar otros responsables.

Este ejemplo puede ayudarte a entenderlo. Imagínate que te echan del trabajo. Si eres pesimista pensarás algo así: “Es que siempre me toca a mí lo malo. Me han despedido porque no valgo para nada. Yo tengo la culpa, si hubiera metido más horas…”

Si eres optimista, por tu cabeza rondará un monólogo parecido a éste: “Últimamente no me va muy bien en los trabajos de atención al público. Los clientes cada vez son más exigentes…”

Ante estas dos formas de pensar tan diferentes es lógico que la forma de actuar también lo sea. El pesimista se quedará en casa lamentándose y el optimista saldrá a la calle en busca de un nuevo trabajo. Probablemente, el optimista tarde menos en encontrarlo ya que es muy extraño que algún empresario llame a la puerta del pesimista.

Por eso, si te gustaría ser más optimista solo tienes que cambiar tu forma de pensar. Hay un par de herramientas que te pueden ayudar. Te las contaré en una próxima entrada. Mientras tanto, fíjate en cuál es tu manera de pensar ante las dificultades que se te plantean en tu vida diaria.

 “La vida es un 10%lo que te pasa y un 90% cómo te lo tomas”

Texto: Raquel Reguero

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LAS ETAPAS DE TU VIDA

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La vida son etapas. Algunas de ellas son universales y sobre todo se definen por la edad: La infancia, la adolescencia, la madurez o la vejez.

Estas etapas nos ayudan a organizarnos y entendernos pero, me gustan más las etapas individuales y personales por las que pasamos cada uno.

Tu vida ha podido pasar por las siguientes etapas: vida con tus padres, vida universitaria, búsqueda de empleo, independencia, vuelta a casa de tus padres…

Quizás distingas estas otras etapas en tu vida: vida de soltera, vida en pareja, matrimonio, hijos…

Es muy posible que definas otras etapas diferentes en tu vida. Cada persona tenemos nuestras propias etapas y es un ejercicio recomendable pararnos un momento a pensar en ellas y ser conscientes de lo qué hemos aprendido en cada una.

La vida no es algo lineal, aunque muchas veces hayas pensado que sí. Y las etapas tampoco  están escritas desde el principio. Gracias a tus experiencias y aprendizajes de las etapas vividas creas las siguientes.

Por eso  nunca tires la toalla, no creas que ya no puedes cumplir tus sueños porque es tarde. No te conformes con la visión lineal y cronológica que te han enseñado de tu vida. Escúchate, aprovecha tu intuición y trabaja por lo que quieres.

Las etapas no vuelven pero, no merece la pena caer en la nostalgia. Cada nueva etapa te ofrece la oportunidad de volver a empezar con más experiencia. En cada nueva etapa eres más sabia que en la anterior.

Texto: Raquel Reguero

BUSCANDO CULPABLES

BUSCANDO CULPABLES

Nunca me ha gustado que me hagan análisis de sangre. Mis experiencias en este terreno han sido desagradables la mayoría de las veces. Pensaba que siempre me tocaba la enfermera más torpe porque, lo habitual era que me tuvieran que pinchar dos o tres veces has  que encontraban la vena. Hubo una vez que incluso me pincharon en la muñeca.

Con esa mala suerte, cada vez que el médico me mandaba hacer un análisis de sangre me ponía a sudar. ¿Por qué nunca me tocaba el enfermero que sabe sacar a la primera?

Hasta que un día el enfermero Joseba me sacó sangre. ¡A la primera! Pero no sin antes comentar: “¡Qué venas más difíciles tienes! Además de finas son muy flexibles y, cuando parece que ya la has pillado, se escapa.”

Esto me hizo reflexionar que quizás me precipité cuando califiqué de torpes a los profesionales que me habían atendido en otras ocasiones. El problema no estaba en ellos sino en mí, concretamente en mis venas.

Con esto lo que me gustaría enseñarte es que muchas veces buscamos la causa o un culpable de nuestros problemas fuera de nosotros, cuando realmente lo tenemos en nuestro interior.

Y la buena noticia es que si está en nuestro interior solo depende de nosotros mismos arreglarlo. No hace falta que crucemos los dedos para que los demás hagan lo que les pedimos pensando que esa será la solución.

Así que te invito a que antes de culpar a los demás, te mires tus venas y seas sincero contigo mismo. ¿Qué te parece?

Texto: Raquel Reguero

CLASIFICAR LAS EMOCIONES

CLASIFICAR EMOCIONES

El tema de las emociones me fascina. Saber identificar nuestras emociones me parece fundamental para hacer una buena gestión de ellas. El saber gestionarlas es muy importante para ser felices.

Esa fascinación ha hecho que lea mucho sobre el tema y que vaya a unas cuantas charlas y talleres para aprender más. Algo que he leído y he escuchado hasta la saciedad es que las emociones no son ni buenas ni malas, ni positivas ni negativas. Todas son necesarias y cumplen una función.

Pero a la vez que decían esto, un poco más avanzado el discurso, aparecía el término emoción negativa, o mala, o buena o positiva. Para mí era algo contradictorio.

Debido a esa contradicción que sentía, empecé a referirme a las emociones como agradables o desagradables. Es el término que uso en mis charlas y en mis sesiones.

En una de esas sesiones, un chico expresó su asombro al oír esa clasificación. Nunca la había oído y le había quitado un gran peso de encima, según sus palabras.

Cuando hablamos de emociones negativas, aunque previamente hayamos dicho que no lo son, tratamos de evitarlas. ¿Quién quiere algo negativo o malo? Intentar evitar lo que es inevitable produce mucha frustración. Nadie puede dejar de sentir.

Por eso te invito a que hables de emociones agradables cuando te refieres a aquellas que te gusta sentir, y de emociones desagradables para señalar las que no te gusta experimentar. Notarás la diferencia.

Texto: Raquel Reguero.

QUÉ HACER ANTE LA SOSPECHA DE UN TRASTORNO.

 

Niño, Otoño, Soportar, Hojas, Chico, Amarillo

Cada vez son más lxs niñxs de mi alrededor lxs que son evaluados para un posterior diagnóstico de algún trastorno, ya sea Trastorno de Espectro Autista (TEA), Trastorno por Deficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDA/H),etc.

No soy especialista, y no es mi intención entrar en el debate de si realmente existen esos trastornos, si todos lxs niñxs diagnosticadxs realmente lo son o no. Mi intención es reflexionar sobre la problemática.

Si bien es cierto que en cada vez más foros, comunidades, escuelas y padres/madres defendemos que cada niñx es únicx y que tiene su ritmo propio; lo cierto es que enseguida ponemos la voz de alarma cuando vemos que algo no entra dentro de la “normalidad”, de lo “habitual”. Los “otros percentiles” los llamo yo.

El sistema sanitario y de servicios sociales tiende a clasificar y etiquetar cada circunstancia para poder ofrecer un tratamiento o un servicio. Y la gran mayoría tendemos a realizar esa clasificación. “Este niño todavía no habla”, “ a esta niña le gusta jugar sola, no se relaciona”, “este niño es muy movido, no para”; y así un largo etcétera.

Pero de lo que hoy quiero reflexionar es sobre el poco tiempo y espacio que dejamos a lxs niñxs para que puedan evolucionar como ellxs mismos necesiten. Los profesionales nos aconsejan el/la  logopeda, la atención temprana, la musicoterapia, la terapia sensorial y no sé cuántas cosas más, con la mejor de las intenciones; para que si realmente tienen un diagnóstico de x trastorno puedan evolucionar de forma más positiva.

Lo que sucede es que en la mayoría de los casos no pensamos en las consecuencias de stress que conllevo eso para los padres/madres. La angustia de no saber qué tiene tu hijx, de si estás haciendo lo adecuado, de no parar en todo el día para poder ofrecerle los recursos que quizás le vendrán bien en el caso de que tenga dicho trastorno.

A veces me pregunto, si no sería mejor dejar que el tiempo pasase, de darle la oportunidad de ver la evolución de la criatura, que se siga desenvolviendo en un entorno de armonía, y seguridad de sus padres. Dejarnos de tantas terapias, de tanto caos por si acaso; de crear tantas dudas en los padres y madres , tanta angustia acumulada.

Quiero apoyar con este escrito a todas las familias que han hecho lo imposible por darle a sus hijxs sospechosos de sufrir algún trastorno todo lo que les han aconsejado. Los que han dado la vuelta a su propia agenda para poder acudir a todos los talleres de estimulación. Y también quiero apoyar a esas familias que debido a la angustia y caos que todo el proceso suponía, han decidido paralizar los talleres, las estimulaciones tempranas y la musicoterapia, y han optado por intentar calmar su angustia y cuidar la armonía familiar. A todas ellas mi admiración.

Un abrazo,

Judith.

El poder de las palabras; “tengo que…”

 

Me estoy releyendo el libro de “Cartas para Claudia” de Jorge Bucay. Me lo leí hace años y lo tenía abandonado en una de las estanterías del salón.

Hoy vengo a hablaros de una de las trampas del lenguaje que utilizamos sin darnos cuenta.

La carta número 7  del libro nos habla de la trampa del “tengo que”. Bucay nos explica que “tengo que” implica obligación, imposición, deber. Deberíamos replantearnos las palabra de “tengo que” y sustituirlas por ” elijo que, decido, quiero”. Esto nos ayuda a sentirnos plenamente responsables de nuestros actos. En el “tengo que” la responsabilidad queda fuera de nosotros.

Te propongo que realices el ejercicio que propone el autor: haz una lista de tus “tengo que….” y luego reemplaza esas mismas frases por “elijo, decido y quiero….” Te darás cuenta de las connotaciones que tiene una y la otra, de lo que nos hacen sentir unas frases y otras. Nos ayuda a realizar las cosas y sentir que aunque no sean lo que más nos guste, lo elegimos y pueden ser agradables.

Realmente hay pocos “tengo que…” en la vida.

Y recuerda que

el lenguaje estructura el pensamiento

Un abrazo,

Judith.

Silencio, página en blanco.

Si eres de las personas que sigue el blog con asiduidad, seguro que te diste cuenta que hace dos semanas no hubo post.

Seguro también te has dado cuenta que cada semana escribimos una de las dos hermanas que llevan el blog (Raquel y Judith). Y si echas cuentas sabrás que fui yo la que no cumplió su cita el pasado lunes 4 de Enero.

Sí, lo confieso, no actualicé el blog. Fuí yo. Falte a mi compromiso que sólo yo y mi hermana nos habíamos puesto. “ ¿hoy no hay entrada?” Me preguntó. Y no, no había. Ni buena, ni mala; nada.

Quizás tiene Raquel razón en el texto que escribió, que es cuestión de prioridades. Pero yo simplemente no me encontraba con fuerzas suficientes para escribir. No tenía nada que contarte, y preferí  guardar silencio a publicar cualquier entrada que no sintiera, que no hubiera sido fruto de una reflexión, o algo interesante que compartir contigo.

Quizás es mejor modificar las prioridades, escuchando a nuestro cuerpo, nuestros estados de ánimo, nuestra mente. Quizás es mejor romper algunos compromisos que sólo nosotras nos hemos puesto con nosotras mismas, que no son trascendentes para el resto. Quizás es mejor dejarnos guiar por nuestra intuición y sentimientos. ¿No nos iría mejor si  realizásemos las cosas en función de nuestro propio cuerpo-mente?.

Ser honestas con nosotras mismas. Conocernos y reconocernos. Aceptar nuestros fallos, verlos, asimilarlos. Potenciar nuestras virtudes.

Así que yo como tantas otras blogers reconozco que el pasado 4 de Enero tuve la crisis del papel en blanco, no encontraba nada que contarte, asi que guardé silencio. Eso sí, mi cabeza ya se está poniendo al día y en las próximas semanas te esperan entradas interesantes.

Gracias por seguir leyéndonos a pesar de los errores.

El silencio es el sol que madura los frutos del alma”

Maurice Maeterlinck

Un abrazo,

Judith.