Que no soy yo, que eres tú.

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“Que no, que no debería ser así. Que yo no he hecho nada. Que eres tú, que es tu problema, que es tu educación , que es tu machismo. Que eres tú el que miras de forma asquerosa. Que no soy yo, ni mis piernas , ni mis tetas, ni mi pelo, ni mi forma de vestir. Que eres tú. Que es tu problema. Que ere tú el que das asco, con esa mirada, con esos comentarios bajos, pero que sabes perfectamente que te oigo. Que eres tú, que es tu problema, si no te enseñaron o no aprendiste a respetar a las demás. Que no eres más que yo, que tu comportamiento lo demuestra, que eres menos, mucho menos. Que no soy yo la que tiene que mirar para abajo, que eres tú, que das asco.”

Hacía tiempo que no sentía esa sensación. Hacía tiempo que no era objeto de esas miradas y comentarios que muestran el machismo que hoy en día hay en nuestra sociedad.  Antes sí, cuando era más joven, me miraban, me juzgaban, mi decían los mal llamados piropos. No es que yo sea guapa, o fea, resultona o del montón; lo que pasa es que estas personas se sienten con la autoridad para poder opinar y juzgar a los demás, se sienten superiores cuando realmente no lo son. Hacía tiempo que no me sentía así. Ayer otra vez. Otra vez me hizo recordar que no hay igualdad. Ni por asomo. Que el machismo se cuela por donde menos te lo esperas. Que está ahí, a la vuelta de la esquina. En tu propia casa aveces. Que tenemos que estar con los oídos lavados y las legañas quitadas para oir y  para ver. Que está ahí. ¿No lo ves? No, no es que sea una paranoica, es que está ahí, ¿no lo ves? No, no es que haya leído a unas pocas feministas y me hayan convencido, llevado a su terreno; es que el machismo está ahí, ¿no lo ves?

Me uno a esta iniciativa de slowomen.es

Abrazos,

Judith

Cosas de niños y cosas de niñas.

Niña, Jugando, Fútbol, Bola, Feliz

Algunas somos madres desde hace ya algún tiempo, otras desde hace poco, otras tienen previsto serlo en breve y para otras no entran dentro de sus planes. Da igual. Parece que todas tenemos derecho a hablar sobre los niñxs, juzgar y opinar. Y si observamos con atención las conversaciones, descubrimos que los roles de sexo-género siguen estando ahí. Como hace tiempo. Poco ha cambiado.

– A mi hija le encanta subirse a los sitios, correr y jugar al fútbol, jugar con los niños. Nada de  vestidos ni princesas.- dice una madre del grupo, se le ve orgullosa, lo dice sin reparo.

-Eso está guay, así es mejor”- contesta otra.

A los pocos días se vuelven a juntar el grupo de amigas, esta vez acude a la cita una madre que la vez anterior no pudo ir. En un momento de la conversación comenta.

-A mi hijo le encanta Frozen, le gusta disfrazarse de Elsa. Le gusta también jugar con muñecas. Tiene muchas amigas en el cole. El otro día quería salir disfrazado de Elsa para jugar con ellas en el parque.

-¿ De Elsa? ¿no le dejaste verdad?

– Cambió de opnión en el último momento.

-Menos mal.

Mientras en el primer caso la madre recibía mensajes de orgullo y bienhacer. En el segundo, el niño era censurado. Los comentarios y el tono utilizado al hacerlos reflejaban malestar y rechazo. Y así vemos que mientras los roles masculinos enpoderan, los femeninos restan. Que una niña haga “cosas de niños” está bien, pero que un niño haga “cosas de niña” esta mal.

Hasta que no dejemos de menospreciar y no valorar los roles histórica y culturalmente asociados a las mujeres, no llegará la verdadera igualdad. Alguien dijo que la igualdad llegará cuando los hombres quieran hacer “cosas de mujeres”. Hasta ahora la lucha ha sido para que las mujeres hagan “cosas de hombres” pero no a la inversa. Y esta visión se  ve en conversaciones como las que os comento.

Hemos logrado que las niñas se puedan vestir de azul sin que nadie se dé la vuelta, ahora tenemos que lograr que los niños se vistan de rosa con la misma normalidad.

Un abrazo,

Judith.

Cuando la enfermedad se convierte en identidad.

Casualidades de la vida, hacía años que no veía a esa vieja compañera de clase y en menos de un mes me la encontré dos veces.  Hablando de todo un poco me contó que estaba de médicos con su madre. Que aunque su madre no lo reconocía, llevaba una temporada un poco más baja, que le temblaban mucho las manos y que tenían cita con el neurólogo.

Y es que nos acercamos a la edad en la que empiezas a preocuparte por la salud de tus padres. Parece que eso no va a llegar nunca, que son ellos los que te van a cuidar y proteger por el resto de los días; pero llega, todo llega.

En el segundo encuentro le pregunté por su madre. “Mal” fue la respuesta. “Le han diagnosticado Parkinson”. Un palazo, una torta en toda la cara, un puñetazo en el estomago. Estas noticias siempre son difíciles de encajar, y así estaba mi antigua compañera, desencajada.

Continuó contándome que a partir de la siguiente semana iban a contratar a una persona para que realizase todas las tareas del hogar, que su madre no tenía porqué limpiar las lámparas, ni el polvo, ni hacer la comida y limpiar la cocina. Que ahora su madre, una señora de 76 años, una señora que ha sido desde que se casó con 20 años, ama de casa, que se ha dedicado al cuidado de sus hijos y su marido toda la vida, se iba a dedicar a  hacer nada, porque tenía Parkinson.

Esta señora, que hasta el día del diagnóstico había continuado haciendo lo de toda la vida, perdía su identidad, cambiaba la etiqueta, cambiaba de nombre, ya no sería Teresa a secas; ahora era enferma de Parkinson.

No dudo, que la decisión de hacerlo así, fue con la intención de protegerla y cuidarla. No dudo de que fueron momentos muy difíciles para toda la familia. Quizás el miedo de que le pasase algo no les dejó ver que su madre de momento podría hacer la mayoría de las cosas que ahora le prohibían realizar. No se dieron cuenta de que el mismo día del diagnóstico, su madre había hechos las camas, limpiado el polvo, preparado la comida, limpiado la cocina y el baño.

Lo que esta señora tuvo que sentir no me lo imagino, y probablemente su familia tampoco se lo imaginó cuando tomó la decisión de que la enfermedad fuera su identidad.

Texto: Judith Reguero.

Salud en lxs mayores, perspectiva de género.

 

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Realizando una investigación sobre envejecimiento activo, me he encontrado con el dato de un estudio que decía que el 55 % de los hombres mayores de 65 años decían que tenían buena salud, frente al tan solo 37% de las mujeres mayores de 65 años.

Un resultado que me ha hecho recordar que la perspectiva de género es transversal, y que sería interesante analizar este dato desde esta perspectiva.

¿ Es casualidad que las mujeres digan tener peor salud que los hombres? ¿ Corresponde con la realidad? O tan solo refleja la diferencia cultural, de valores, los esteriotipos que hemos recibido hombres y mujeres? ¿ Los hombres no lloran? ¿No se quejan? ¿Está igual visto que los hombres y que las mujeres se quejen de su situación? ¿La queja es una característica sólo de las mujeres? ¿Tienen las mujeres mayor visión de cuidado y autocuidado? ¿Tiene esto algo que ver con la consciencia de la propia enfermedad? ¿ O realmente las mujeres y los hombres sentimos el dolor de forma diferente tal y como reseñaba este artículo?

La conducta, los pensamientos y los sentimientos vienen condicionados también por los roles y valores asignados a cada género.

Texto: Judith Reguero

CRIANZA RESPETUOSA: HACIENDO AUTOCRÍTICA

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A veces pensamos que nuestras creencias son las mejores. Que nuestras opiniones son las más fundamentadas. Y no nos paramos a observar otros pensamientos. Ni tan siquiera paramos a analizar los nuestros desde una perspectiva crítica.

Esto mismo pasa con los diferentes modelos de crianza que hoy en día están más en auge: el modelo basado en la teoría conductista (castigos, limites firmes, autoridad,etc) y el modelo de crianza respetuosa (también llamado. Crianza con apego seguro, crianza con amor, etc). Unos y otros invierten tiempo en criticar lo negativo del contrario y lo positivo de sí mismo. Sin embargo creo que es interesante que analicemos lo negativo de la teoría que defendemos, para poder mejorarla.

Como os he comentado en alguna ocasión yo mi inclino más por el modelo de crianza respetuosa, aunque en muchas ocasiones me encuentro con dificultades para llevarla a la práctica. Por esta razón hace cosa de un año organicé  un taller de lectura reflexiva sobre estos dos modelos de crianza. Y unas de las actividades fue resaltar aspectos negativos de la teoría que defendíamos cada uno.

Sobre las consecuencias del modelo conductista se ha hablado mucho. Hoy os resumo los aspectos negativos que se dijeron del modelo de crianza respetuosa:

  • Da mucha importancia al papel de la madre, dejando al padre como un mero ayudante. Esto responsabiliza en mayor medida a la mujer y también la culpabiliza.
  • Se habla sobre todo de la primera edad, sin desarrollar en profundidad la teoría en edades más avanzadas como por ejemplo, la adolescencia.
  • Los resultados son a largo plazo, y en ocasiones necesitamos determinados comportamientos a corto plazo.
  • Se basa y fundamenta en las necesidades de los niños y las niñas. Dejando olvidado las necesidades de la madre y padre. (Si nosotros no estamos bien, no podemos criar bien).
  • A muchas personas les parece difícil ponerlo siempre en práctica, el bagaje cultural y social que llevamos nos presiona para actuar de otra forma.
  • Habla de crianza con amor, como si fuera el único modelo que cría de esta manera. Personalmente estoy convencida que la gran mayoría de las personas que crían a sus hijo/as desde un modelo conductual también aman a sus criaturas; actúan de la mejor manera que saben y en consecuencia a lo que piensan que es lo correcto.

 

¿Y vosotros? ¿Hacéis  análisis críticos de vuestras propias teorías? ¿Os parece que es una manera de poder mejorar? ¿Qué aspectos negativos encuentras al modelo de crianza que defiendes? Os espero en comentarios!

Siempre hay que tratar de ser el mejor, pero nunca creerse el mejor” Juan Manuel Fangio

Texto y fotografía: Judith Reguero

¿Eres feminista?

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“¿ Eres feminista?” me preguntaron en una charla a la que acudí. No sabía qué responder. La palabra feminista tiene unas connotaciones negativas. Me quedé pensando. Y pensé:

No he leído a muchas feministas, no he leído ni conozco en profundidad las teorías feministas, ni la historia del feminismo. Soy consciente de que vivimos en una sociedad donde rigen diferentes sistemas de poder, como el de la raza, la orientación sexual, las clases sociales y sí, también, el sistema de poder sexo-género. Soy consciente de ello, principalmente porque soy mujer. Porque he vivido en propia persona el acoso callejero, la diferencia de oportunidades laborales, el famoso techo de cristal, el mal reparto de las tareas del hogar, etc.

Veo cada día cómo las mujeres tenemos roles diferentes al de los hombres. Veo que el papel de la mujer es diferente al del hombre en todos los campos (laboral, de crianza, en el hogar, social, político, publicidad, educación, artístico, lenguaje, etc). Papeles secundarios en la mayoría de los casos. Papeles valorados en menor medida, incluso en muchas ocasiones ni siquiera remunerados.

Ahora bien, no creo que el enemigo sea el hombre en general. El enemigo es el propio sistema de poder, los valores que éste nos ha enseñado y todas aquellas personas que hacen que estos valores persistan. De hecho creo que nos iría mejor a unos y otras si la lucha fuera de ambos contra el sistema. Todos/as tenemos que ganar.

Si ser consciente de todo esto y hacer pequeñas o grandes cosas para que esta situación cambie, es ser feminista, sí, lo soy.

Texto : Judith Reguero

Imagen: Raquel Reguero

Grupos de madres – grupos de padres.

Largo camino por recorrer.
Largo camino por recorrer.

¿Por qué en los grupos de crianza no acuden madres y padres conjuntamente?

Hasta ahora en la mayoría de los grupos de crianza se agrupaban madres. Madres que compartían experiencias y sentimientos, que se comprendían y apoyaban.

Parece ser que en varias ciudades ya se han creado grupos de padres. Padres que reivindican un mayor protagonismo de lo que tradicionalmente han tenido. Padres que piden no ser una mera “ayuda” para la madre. Comparten experiencias y sentimientos, se comprenden y apoyan.

En ocasiones pienso que nos consideramos enemigos, padres contra madres, o a la inversa. La crianza es un tema de dos. Un equipo. Los malentendidos, discusiones y sentimientos negativos mermarían si compartiéramos nuestros puntos de vista. Todo/as a una. Está claro que una misma situación puede que no provoque el mismo sentimiento en el padre que en la madre (por ejemplo: ante el llanto de un bebé quizás el padre se irrite con mayor facilidad y la madre sienta una mayor compasión). Las emociones y sentimientos también son consecuencia de nuestros valores y roles sociales. Sería interesante analizar y compartir la crianza desde una perspectiva de género. Quizás así llegaríamos a comprendernos y hacer frente a las dificultades como el equipo que realmente somos. Quizás así los roles parentales podrían modificar y todos/as ser beneficiarios/as de tal hecho.

¿Tú qué piensas? ¿Tenemos hombres y mujeres diferentes sentimientos ante una misma situación?

Nota: a pesar de que en la mayoría de los textos hago referencia a parejas heterosexuales, quiero recordar que hay otro tipo de familias: familias monoparentales, familias donde los padres/madres son del mismo sexo, etc.  Si es tu caso, nos gustaría también saber tu opinión.

Texto e imagen: Judith Reguero.