Que no soy yo, que eres tú.

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“Que no, que no debería ser así. Que yo no he hecho nada. Que eres tú, que es tu problema, que es tu educación , que es tu machismo. Que eres tú el que miras de forma asquerosa. Que no soy yo, ni mis piernas , ni mis tetas, ni mi pelo, ni mi forma de vestir. Que eres tú. Que es tu problema. Que ere tú el que das asco, con esa mirada, con esos comentarios bajos, pero que sabes perfectamente que te oigo. Que eres tú, que es tu problema, si no te enseñaron o no aprendiste a respetar a las demás. Que no eres más que yo, que tu comportamiento lo demuestra, que eres menos, mucho menos. Que no soy yo la que tiene que mirar para abajo, que eres tú, que das asco.”

Hacía tiempo que no sentía esa sensación. Hacía tiempo que no era objeto de esas miradas y comentarios que muestran el machismo que hoy en día hay en nuestra sociedad.  Antes sí, cuando era más joven, me miraban, me juzgaban, mi decían los mal llamados piropos. No es que yo sea guapa, o fea, resultona o del montón; lo que pasa es que estas personas se sienten con la autoridad para poder opinar y juzgar a los demás, se sienten superiores cuando realmente no lo son. Hacía tiempo que no me sentía así. Ayer otra vez. Otra vez me hizo recordar que no hay igualdad. Ni por asomo. Que el machismo se cuela por donde menos te lo esperas. Que está ahí, a la vuelta de la esquina. En tu propia casa aveces. Que tenemos que estar con los oídos lavados y las legañas quitadas para oir y  para ver. Que está ahí. ¿No lo ves? No, no es que sea una paranoica, es que está ahí, ¿no lo ves? No, no es que haya leído a unas pocas feministas y me hayan convencido, llevado a su terreno; es que el machismo está ahí, ¿no lo ves?

Me uno a esta iniciativa de slowomen.es

Abrazos,

Judith

¿Eres feminista?

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“¿ Eres feminista?” me preguntaron en una charla a la que acudí. No sabía qué responder. La palabra feminista tiene unas connotaciones negativas. Me quedé pensando. Y pensé:

No he leído a muchas feministas, no he leído ni conozco en profundidad las teorías feministas, ni la historia del feminismo. Soy consciente de que vivimos en una sociedad donde rigen diferentes sistemas de poder, como el de la raza, la orientación sexual, las clases sociales y sí, también, el sistema de poder sexo-género. Soy consciente de ello, principalmente porque soy mujer. Porque he vivido en propia persona el acoso callejero, la diferencia de oportunidades laborales, el famoso techo de cristal, el mal reparto de las tareas del hogar, etc.

Veo cada día cómo las mujeres tenemos roles diferentes al de los hombres. Veo que el papel de la mujer es diferente al del hombre en todos los campos (laboral, de crianza, en el hogar, social, político, publicidad, educación, artístico, lenguaje, etc). Papeles secundarios en la mayoría de los casos. Papeles valorados en menor medida, incluso en muchas ocasiones ni siquiera remunerados.

Ahora bien, no creo que el enemigo sea el hombre en general. El enemigo es el propio sistema de poder, los valores que éste nos ha enseñado y todas aquellas personas que hacen que estos valores persistan. De hecho creo que nos iría mejor a unos y otras si la lucha fuera de ambos contra el sistema. Todos/as tenemos que ganar.

Si ser consciente de todo esto y hacer pequeñas o grandes cosas para que esta situación cambie, es ser feminista, sí, lo soy.

Texto : Judith Reguero

Imagen: Raquel Reguero

VIOLENCIA DE GENERO (II)

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La charla sobre maltrato en parejas jóvenes me hizo recordar otra historia que viví cuando tenía unos 20 años.
Conocí a una pareja donde él era tan controlador que le miraba la factura de móvil todos los meses para comprobar a quien llamaba. Cuando no reconocía el número, él mismo llamaba para comprobarlo. Esto lo viví yo en primera persona.
Un fin de semana fuimos un grupo de amigos de excursión y entre ellos se encontraba Susana pero su novio no pudo venir. Hubo un momento en que yo necesitaba llamar a mis padres y ella me dejó su móvil. Pasadas unas semanas, mis padres me dijeron que habían recibido una llamada un tanto extraña de un chico que preguntaba haber si yo vivía allí pero que no quería hablar conmigo, simplemente quería confirmar que esa era mi casa.
Atando cabos descubrí quien había realizado la extraña llamada y me pareció tan enfermizo que se lo conté a Susana. Cuál fue mi sorpresa cuando ella me dijo que ya lo sabía porque ella estaba delante cuando su chico llamó. Era algo que hacía cada vez que llegaba la factura del teléfono.
¿Qué os parece? ¿Qué tipo de relación es esa donde no hay confianza? ¿Cómo se puede convivir con alguien que controla todos nuestros movimientos?

Tengo que confesaros una cosa. Os he mentido. Quien controlaba en esta pareja no era él sino ella. Ella revisaba la factura del teléfono y hacía las llamadas. ¿Qué os parece ahora? Quizás no sea tan habitual pero también ocurre y no hay que olvidarse de ellos.
Como ya os comenté, la charla fue impartida por una feminista en activo y eso se notó claramente en sus argumentos. El peligro de posicionarse en los extremos, como en este caso en el feminismo, es que se pierden muchos otros puntos de vista y matices. Es como elegir el color negro y no ver que muy cerca existe una variedad de grises e incluso un abanico más amplio de colores si abrimos nuestro campo de visión. Nos pueden gustar o no pero, están ahí y es absurdo negarlo.
Al seguir una teoría tan feminista parece que solo existe la violencia de género ejercida desde el hombre hacia la mujer. Es cierto que se conocen más casos de este tipo, pero también existe el caso contrario.

“Somos, ante todo, criaturas del universo: completas, bellas y perfectas en cada detalle, siguiendo los deseos del infinito. Así pues, nos merecemos por derecho natural ser amados y respetados, y es nuestro deber no aceptar nada más”. La Princesa que creía en los Cuentos de Hadas de Marcia Grad.

Texto y fotografía por Raquel Reguero

VIOLENCIA DE GENERO

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El otro día acudí a una charla sobre el maltrato en parejas jóvenes. Según los últimos estudios, el número de parejas jóvenes donde se dan y/o reciben malos tratos ha aumentado. Ante esta realidad, las madres (todas éramos madres) que acudimos a la exposición buscábamos conocer los indicios que nos pueden poner sobre la pista de que nuestros hijos o hijas están en una relación de esas características.
La presentación que se nos hizo, para mí, no cumplió con el objetivo pero si me hizo recordar ciertos episodios de mi juventud y me empujó hacia la reflexión.
Recuerdo que mi mejor amiga en EGB (si, yo también fui a EGB) tenía una hermana y dos hermanos. En su casa, además, vivían sus padres y sus abuelos. Era una familia muy tradicional tanto en el fondo como en las formas. Ella me contaba con toda naturalidad que en su casa sus hermanos, los chicos, nunca recogían la mesa ni barrían ni hacían la cama. Algún día lo habían intentado y su abuela muy escandalizada por la situación les había gritado: “¿Cómo habiendo cuatro mujeres en casa un hombre va a hacer eso?” La madre aceptaba y respetaba la opinión de la abuela. Así que allí vivían los cuatro hombres de la casa atendidos y cuidados por las cuatro mujeres.
Desconozco cómo ha evolucionado la vida de esta familia pero, miedo me da. Cuando desde pequeños se normalizan situaciones, lo más probable es que se vuelvan a repetir en la edad adulta y que vayan pasando con gran facilidad de unas generaciones a otras.
Para mi esta desigualdad es una forma clara de maltrato que puede derivar en situaciones más complejas.
La conferencia fue impartida por una feminista en activo y eso se notó claramente en sus argumentos que varias veces fueron rebatidos por algunas madres. En la próxima entrada que escriba el lunes os hablaré de este tema.

Texto y fotografía por Raquel Reguero