Fronteras

 

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A todos se nos llena la boca denunciando la situación por la que están pasando miles de refugiados en las fronteras, llenamos Facebook y las redes sociales compartiendo vídeos de la vergüenza, hablamos en los bares y en las reuniones, criticamos a los políticos y gobiernos: Y Hacemos todo ello con fundamentos suficientes, con razón.

Sin embargo no nos damos cuenta que ese negro que te pregunta cómo llegar a un centro ambulatorio también puede ser un refugiado. Que esa mora que te mira con dulzura en el autobús también puede ser una refugiada; que esa china que te pide ayuda para encontrar una calle también puede ser una refugiada. Que ese palestino que acude a comprar a tu tienda y que no te entiende, también puede ser un refugiado. Que esa venezolana que lleva a su hijo al mismo cole que tú a tus hijos también puede ser una refugiada.

He visto cómo  tratamos en ocasiones a las personas inmigrantes, como les miramos con desprecio, cómo agarramos nuestro bolso, cómo cambiamos de acera, cómo criticamos que tengan acceso a la sanidad y a los servicios sociales, cómo no les queremos de vecinos. Y creedme las personas con condición de refugiados, no van con un cartel en la frente.

Los políticos y gobiernos tienen que hacer muchas cosas para mejorar la situación en las fronteras, en los países de origen y en los países de acogida. Pero nosotrxs también tenemos muchas cosas por hacer, aquí y ahora.

Judith.

HERRAMIENTAS PARA SER OPTIMISTA

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Como ya te comenté aquí, si quieres ser más optimista solo tienes que cambiar tu forma de pensar. Hay dos herramientas que te pueden ayudar:

1.- DISTRACCIÓN. Se trata de pensar en otra cosa. Cuando te das cuenta de que estás teniendo un pensamiento pesimista, STOP. Para y piensa en cualquier otra cosa que te resulte agradable. Al parar el pensamiento negativo, rompes la rueda.

2.- DISCUSIÓN. Es un método más duradero que la DISTRACCIÓN y requiere un poco más de trabajo por tu parte. Se trata de comprobar que tus creencias son ciertas. Para esto pregúntate:

  • ¿Cuáles son las pruebas objetivas que validan esa creencia? ¿Qué hechos objetivos tienes para pensar así?
  • Busca todas las causas que hayan podido contribuir a la situación negativa que estás viviendo. (Generalmente nos quedamos solo con la primera que se nos ocurre y suele ser negativa y exagerada)

La DISCUSIÓN la puedes practicar tú solo o con la ayuda de otra persona que te escuche y te guíe en las preguntas. También puede ayudarte a avanzar si te quedas bloqueado.

Aviso importante: Cuando estés trabajando con la DISCUSIÓN pregúntate si es útil para ti pensar en eso precisamente es ese momento. Si la respuesta es NO, entonces recurre a la DISTRACCIÓN y ya volverás a la DISCUSIÓN en otro momento más adecuado.

Te facilito estas dos herramientas porque parece que ser pesimista es algo terrible y algunos quieren cambiarlo. Pero muchas veces olvidamos que los pesimistas son más tristes pero también más juiciosos. Juzgan con mayor precisión qué cantidad de  control disponen. Los optimistas creen que ejercen sobre las cosas más control del que en realidad tienen.

Precisamente por sus diferencias es muy interesante, si queremos tener un grupo equilibrado, tener varios pesimistas y varios optimistas juntos. Lo que realmente sería terrible es que todos fuéramos pesimistas u optimistas.

Texto: Raquel Reguero

OPTIMISMO Y PESIMISMO

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Las cosas ocurren. Tanto las que gustan como las que no. Hay personas que ante las dificultades se crecen, se hacen fuertes y trabajan para salir adelante. En cambio, hay otras que se hunden y lloran su mala suerte. A las primeras las solemos llamar optimistas y a las segundas pesimistas. La diferencia entre unas y otras se encuentra en su manera de pensar.

Las personas pesimistas suelen explicar lo que les sucede en términos de “siempre” o “nunca”. Además, sienten que cuando fracasan en una cosa han fracasado en todo. Y también, se sienten culpables de lo que ha ocurrido.

Los optimistas dan una explicación de lo ocurrido totalmente diferente. Para ellos las cosas suceden “algunas veces” o “últimamente”. Sienten que han fallado en algo concreto pero siguen teniendo ánimos para las demás facetas de su vida y pueden buscar otros responsables.

Este ejemplo puede ayudarte a entenderlo. Imagínate que te echan del trabajo. Si eres pesimista pensarás algo así: “Es que siempre me toca a mí lo malo. Me han despedido porque no valgo para nada. Yo tengo la culpa, si hubiera metido más horas…”

Si eres optimista, por tu cabeza rondará un monólogo parecido a éste: “Últimamente no me va muy bien en los trabajos de atención al público. Los clientes cada vez son más exigentes…”

Ante estas dos formas de pensar tan diferentes es lógico que la forma de actuar también lo sea. El pesimista se quedará en casa lamentándose y el optimista saldrá a la calle en busca de un nuevo trabajo. Probablemente, el optimista tarde menos en encontrarlo ya que es muy extraño que algún empresario llame a la puerta del pesimista.

Por eso, si te gustaría ser más optimista solo tienes que cambiar tu forma de pensar. Hay un par de herramientas que te pueden ayudar. Te las contaré en una próxima entrada. Mientras tanto, fíjate en cuál es tu manera de pensar ante las dificultades que se te plantean en tu vida diaria.

 “La vida es un 10%lo que te pasa y un 90% cómo te lo tomas”

Texto: Raquel Reguero

Ser agradecido

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“Las buenas costumbres no hay que perderlas”, con esa dedicatoria me regaló mi pareja el último cuaderno. Y es que llevaba meses poniendo en práctica la sana costumbre de al levantarme escribir de forma automática tres páginas, tal y como recomendaba el libro “El camino del artista” de Julia Cameron.

Normalmente al escribir de forma automática las cosas que escribes son negativas, la idea es esa, que a primera hora de la mañana saques todo lo malo para quedarte con lo bueno, con lo que te llena de verdad. (El libro recomienda este ejercicio para aumentar la creatividad).

 Sin embargo cuando más disfrutaba era cuando de forma automática escribía tres paginas agradeciendo, agradeciendo a la vida que me ha dado tanto, como cantaba Mercedes Sosa.Si te parece difícil escribir tres páginas, haz la prueba, te sorprenderá gratamente todo lo que tienes que agradecer.

Te aseguro que después de realizar este sencillo ejercicio te sentirás llena de dicha. Y es que realmente tenemos mucho que agradecer.

Un abrazo,

Judith.

MI NIÑO NO ME COME

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 Uno de los momentos que más dolores de cabeza me han traído desde que fui madre ha sido la hora de la comida con los niños. Intenté distintas estrategias para que comieran pero, ninguna me daba los resultados que yo buscaba y no me sentía cómoda con ellas.

Hasta que una amiga me dejó el libro “Mi niño no me come” de Carlos González. Tras leerlo y poner en práctica lo que dice, mi nivel de ansiedad y preocupación disminuyó considerablemente.

Si te agobia el momento diario de la comida hasta tal punto que has pensado que la única solución es dejar a tus hijos en el comedor del colegio y que se las arreglen allí con ellos (a la vez que te sientes frustrada y la peor madre del mundo por pensar en abandonarlos a su suerte), te recomiendo el libro de Carlos González.

Por si no puedes salir corriendo ahora mismo a conseguirlo, te cuento la idea que cambió mi pesadilla. Haz el siguiente ejercicio:

El domingo, o cualquier otro día de la semana, pesa a tu hijo y apunta el valor que te da la báscula.

Durante esa semana (7 días) dale la comida que sueles darle habitualmente. Cuando diga que no quiere más se la retiras. No hay gritos, ni amenazas…

Pasada esa semana lo vuelves a pesar. Compara el dato obtenido ahora con el que habías apuntado.

¿Cuál es el resultado de este ejercicio? Verás que el peso se mantiene. Éste es un dato objetivo de que tu hijo come, más o menos, lo misma cantidad si le gritas y le riñes que si le retiras el plato cuando te lo pide.

Donde se notan grandes cambios es en el ambiente que se respira a la hora de la comida. Se pasa de vivir unos momentos angustiosos a disfrutar de un rato en familia y conversación.

Yo me tomé la licencia de hacer el ejercicio durante varias semanas seguidas y mi niño no adelgazó. Lo habitual es que unos días coma más y otros menos y así va compensando. Esto es algo natural o ¿tienes tú el mismo apetito todos los días?

Espero que te ayude.

Texto: Raquel Reguero

LAS ETAPAS DE TU VIDA

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La vida son etapas. Algunas de ellas son universales y sobre todo se definen por la edad: La infancia, la adolescencia, la madurez o la vejez.

Estas etapas nos ayudan a organizarnos y entendernos pero, me gustan más las etapas individuales y personales por las que pasamos cada uno.

Tu vida ha podido pasar por las siguientes etapas: vida con tus padres, vida universitaria, búsqueda de empleo, independencia, vuelta a casa de tus padres…

Quizás distingas estas otras etapas en tu vida: vida de soltera, vida en pareja, matrimonio, hijos…

Es muy posible que definas otras etapas diferentes en tu vida. Cada persona tenemos nuestras propias etapas y es un ejercicio recomendable pararnos un momento a pensar en ellas y ser conscientes de lo qué hemos aprendido en cada una.

La vida no es algo lineal, aunque muchas veces hayas pensado que sí. Y las etapas tampoco  están escritas desde el principio. Gracias a tus experiencias y aprendizajes de las etapas vividas creas las siguientes.

Por eso  nunca tires la toalla, no creas que ya no puedes cumplir tus sueños porque es tarde. No te conformes con la visión lineal y cronológica que te han enseñado de tu vida. Escúchate, aprovecha tu intuición y trabaja por lo que quieres.

Las etapas no vuelven pero, no merece la pena caer en la nostalgia. Cada nueva etapa te ofrece la oportunidad de volver a empezar con más experiencia. En cada nueva etapa eres más sabia que en la anterior.

Texto: Raquel Reguero

Lo que me hicieron creer

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Hace un tiempo leí  este post (http://www.elcaminorubi.com/el-blog/la-pista-del-terror/)  en la página de Erika Irusta de Caminó Rubi sobre una chica y sus clases de gimnasia. Parecía que lo había escrito yo. Me sentía tan identificada con cada una de sus palabras. ..

A mí también me etiquetaron como una de las torpes en gimnasia. En mi ikastola también era la clase de soinketa. Esa hora maldita que odiaba, en la que me sentía torpe, pesada, floja. Siempre me hicieron saber que no daba la talla, que casi todos mis compañeros eran mejores. Yo no sobresalía en ninguna de las disciplinas que se trataban en estas dichosas clases. Ni siquiera llegaba a lo que se suponía que debía llegar. Ni en el primer trimestre dedicado a pruebas de atletismo, ni en el segundo con pruebas propias de gimnastas , ni en el tercero con deportes en equipo. Nada. Todos se encargaron muy mucho de hacerme ver que yo no podía dedicarme a esto del deporte. Todavía me acuerdo del “Baina Reguero, mugi zaitez” (pero Reguero, muévete), que me decía un profesor mientras yo me esforzaba a tope en una prueba de correr. O de cuando los compañeros iban eligiendo de uno en uno los componentes de su equipo, dejando para el final a las torpes, a aquellas que nadie quería. Los “jos” de cuando tocabas en su equipo, la desilusión. Todos, incluso los “cuidado, te vas a caer” de mi madre, hicieron que creyese que yo no valía para eso del deporte, me hicieron creer que no valía para ninguna de las disciplinas existentes. Ninguno se fijó en que mi respiración no ayudaba a eso de correr, nadie me enseñó a cómo debía tomar el aire para no ahogarme. Nadie me dio la confianza suficiente para que se me quitase el miedo a saltar del potro, que era el miedo lo que me paralizaba, que no era mi capacidad de saltar.  Pero como pasa casi siempre en el sistema educativo, todos se fijaban en el resultado, no en la causa de esos resultados. La cuestión era que yo no saltaba el potro, poco importaba el porqué.

Ahora, ya con 35 años me doy cuenta de que no es verdad, y de que puedo disfrutar haciendo deporte. Demasiados años he tenido que necesitar para cambiar el autoconcepto que creé con la ayuda de todos los demás. Demasiados años sin disfrutar de los beneficios de la actividad física. Cultivando sólo mi mente, abandonando mi cuerpo. Sin darme cuenta que cuerpo y mente siempre, siempre deben ir de la mano.

¿Todavía siguen funcionando así las clases de gimnasia o soinketa? Espero que el sistema haya cambiado ya. Aunque me temo que no será así.

(Nota: no puedo dejar de dar las gracias a ese profesor que en una de las evaluaciones me puso un 9 en soinketa valorando el esfuerzo por mejorar que yo  había realizado, y dejando de lado el resultado de las pruebas).

Un abrazo.

Judith.