MOVIL, EDAD O NECESIDAD

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Conversación con mi hijo (9 años) a los pocos días de empezar el curso:

  • Mamá, todos los niños de mi clase tiene móvil. ¿Cuándo voy a tener yo?
  • ¿Todos?
  • Bueno, hay alguno que no ( y empieza a nombrar unos cuantos)
  • Así que “todos” no tienen móvil. Será mejor decir que “algunos” tienen. ¿Qué te parece?
  • ¿Y a mí con cuántos años me vais a comprar uno?
  • ¿Para qué lo quieres?
  • Para llamarte cuando no estemos juntos.
  • ¿En qué momentos estamos separados y quieres hablar conmigo?
  • (Silencio)
  • Cuando estás en el cole, estamos separados. ¿Necesitas entonces el móvil para llamarme?
  • No
  • Cuando estás en el entrenamiento, tampoco estamos juntos. ¿Vas a llamarme entonces?
  • No
  • ¿Cuándo más estamos separados?
  • Siempre estamos juntos.
  • ¿Crees que necesitas un móvil?
  • No

Traté de que mi hijo se diera cuenta de que lo más importante para tener un móvil no son los años que tenga sino la necesidad de él. Un móvil, desde mi punto de vista, no es un juguete aunque muchas veces lo utilicemos como tal.

Por eso intento no juzgar a las familias que dan un móvil a un niño de 9 años. Desconozco sus circunstancias y necesidades. Quizás, por tema de trabajo de los padres, los niños necesitan hablar con ellos a la salida del colegio. Quizás, los niños han empezado a coger el autobús  solos para volver a casa y los padres prefieren ir hablando con él durante el trayecto. Quizás… Hay demasiados “quizás” para juzgar.

Lo que si critico es el uso inadecuado que hacen muchos niños, también adultos, del móvil. Pero esto ya sería tema de otra entrada.

Texto: Raquel Reguero

Fronteras

 

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A todos se nos llena la boca denunciando la situación por la que están pasando miles de refugiados en las fronteras, llenamos Facebook y las redes sociales compartiendo vídeos de la vergüenza, hablamos en los bares y en las reuniones, criticamos a los políticos y gobiernos: Y Hacemos todo ello con fundamentos suficientes, con razón.

Sin embargo no nos damos cuenta que ese negro que te pregunta cómo llegar a un centro ambulatorio también puede ser un refugiado. Que esa mora que te mira con dulzura en el autobús también puede ser una refugiada; que esa china que te pide ayuda para encontrar una calle también puede ser una refugiada. Que ese palestino que acude a comprar a tu tienda y que no te entiende, también puede ser un refugiado. Que esa venezolana que lleva a su hijo al mismo cole que tú a tus hijos también puede ser una refugiada.

He visto cómo  tratamos en ocasiones a las personas inmigrantes, como les miramos con desprecio, cómo agarramos nuestro bolso, cómo cambiamos de acera, cómo criticamos que tengan acceso a la sanidad y a los servicios sociales, cómo no les queremos de vecinos. Y creedme las personas con condición de refugiados, no van con un cartel en la frente.

Los políticos y gobiernos tienen que hacer muchas cosas para mejorar la situación en las fronteras, en los países de origen y en los países de acogida. Pero nosotrxs también tenemos muchas cosas por hacer, aquí y ahora.

Judith.

Que no soy yo, que eres tú.

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“Que no, que no debería ser así. Que yo no he hecho nada. Que eres tú, que es tu problema, que es tu educación , que es tu machismo. Que eres tú el que miras de forma asquerosa. Que no soy yo, ni mis piernas , ni mis tetas, ni mi pelo, ni mi forma de vestir. Que eres tú. Que es tu problema. Que ere tú el que das asco, con esa mirada, con esos comentarios bajos, pero que sabes perfectamente que te oigo. Que eres tú, que es tu problema, si no te enseñaron o no aprendiste a respetar a las demás. Que no eres más que yo, que tu comportamiento lo demuestra, que eres menos, mucho menos. Que no soy yo la que tiene que mirar para abajo, que eres tú, que das asco.”

Hacía tiempo que no sentía esa sensación. Hacía tiempo que no era objeto de esas miradas y comentarios que muestran el machismo que hoy en día hay en nuestra sociedad.  Antes sí, cuando era más joven, me miraban, me juzgaban, mi decían los mal llamados piropos. No es que yo sea guapa, o fea, resultona o del montón; lo que pasa es que estas personas se sienten con la autoridad para poder opinar y juzgar a los demás, se sienten superiores cuando realmente no lo son. Hacía tiempo que no me sentía así. Ayer otra vez. Otra vez me hizo recordar que no hay igualdad. Ni por asomo. Que el machismo se cuela por donde menos te lo esperas. Que está ahí, a la vuelta de la esquina. En tu propia casa aveces. Que tenemos que estar con los oídos lavados y las legañas quitadas para oir y  para ver. Que está ahí. ¿No lo ves? No, no es que sea una paranoica, es que está ahí, ¿no lo ves? No, no es que haya leído a unas pocas feministas y me hayan convencido, llevado a su terreno; es que el machismo está ahí, ¿no lo ves?

Me uno a esta iniciativa de slowomen.es

Abrazos,

Judith

ASÍ SOY YO

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Últimamente el blog se ha vuelto más personal como contamos en nuestra página de presentación . Por eso hoy te cuento algo muy mío, no hay consejos ni sugerencias. Es una excusa perfecta para que me conozcas un poco más.

Soy muy fan de una bloguera que actualmente está pasando un momento delicado. Me refiero a Belén Canalejo de Balamoda . De vez en cuando, publica post contando cosas que le gustan y cosas con las que no disfruta tanto. Currently loving y Currently f*ing hating lo llama.

En honor a ella voy a escribir cuatro cosas que adoro y cuatro que me gustan menos. Me encantaría que ella pudiera leerlo y sacarle una sonrisa (o una lagrimilla que, a veces también sientan muy bien.)

Empecemos por lo menos gratificante:

-No soporto que la gente deje las cosas fuera de su sitio. Me pasa en casa, en el trabajo o donde sea. ¿Por qué si coges el lápiz del bote, cuando acabas de usarlo, lo dejas sobre la mesa? Si cuesta el doble de trabajo, fíjate: de la mano al bote versus de la mano a la mesa y de la mesa al bote. ¿Te das cuenta?

-Los gritos en general son una tortura pero la situación particular de decirle a alguien que no grite gritando es absurda. ¿Te has fijado?

-Que me hagan esperar en la consulta del médico más de cinco minutos me parece una falta de respeto. El tiempo de todos es valioso por eso no me gusta perderlo ni hacerlo perder a los demás.

-Que suene el teléfono en medio de una conversación me parece muy impertinente. ¿Por qué tengo que dejar de hablar con quien ha venido a verme y tengo que darle prioridad a la llamada? Hay que respetar el turno, me enseñaron de pequeña y me lo he tomado muy en serio.

Bueno, ahora doy paso a lo bueno buenísimo para quedarnos con un estupendo sabor de boca.

-El sol. Lo necesito. Me da energía. Me da la vida. Siempre digo que nací en el sitio equivocado porque aquí el verano es cortito pero, por otro lado, adoro mi ciudad.

-El arroz. En todas las versiones que lo he probado me gusta. El arroz con carne que hace mi madre juega en otra división.

-Los abrazos con sentimiento. Subrayo sentimiento. Esos que te llenan cuando necesitas que te llenen y te vacían cuando necesitas vaciarte. Creo que todos lo entendéis y no es necesario una amplia explicación.

-Aprender. Siempre tengo que estar aprendiendo. En cursos, charlas, talleres, de manera autodidacta… Mi cabeza siempre está buscando qué aprender y disfruto mucho con ello.

Y con este “subidón” me despido. Me encantaría saber qué te gusta a ti.

Texto: Raquel Reguero

Y la vida te pone del revés.

Picture by Ryan McGuire

Y la vida te pone del revés. Sin previo aviso. Nunca estás preparada para que las tornas cambien, porque tu cabeza dice que las tornas no pueden cambiar. Pero lo hacen. Y las personas que te han cuidado durante 35 años, se vuelven vulnerables, y ahora eres tú más que nunca la que tienes que cuidar de ellos.

Nunca estamos preparados para ver sufrir a nuestros padres. La lógica nos dice que son ellos los que nos van a acunar siempre. Los que vas a encontrar cada vez que te caigas y te quieras volver a levantar. Pero las tornas cambian. Sin previo aviso.

La vuelta a la tortilla, y todo del revés. Te encuentras preocupada por tus padres, por cómo estarán, qué puedes hacer, cómo les puedes cuidar.  Y a veces no puedes hacer gran cosa. Estar. Estar es lo más importante. Siempre estar para poder agarrar, levantar y sonreír.

Con los pies en la cabeza y la cabeza en los piés. ¿por qué nadie me aviso de que esto iba a suceder? Sí, me lo dijeron, lo escuché. Pero no lo creí. Yo solo soy una niña de 35 años.

Abrazos,

Judith

Ante el cambio: tengo miedo.

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Que sí, que ya sé que tenemos que aceptar situaciones, mirar para adelante, coger impulso, aprender de los errores, coger el toro por los cuernos, salir de la zona de confort,etc. Que sí, que ya lo sé. Que yo misma he escrito varias veces sobre todo ello, que he leído varios libros sobre el tema,  que he hecho curso sobre ello, que puedo dar consejos y repetir la teoría. Pero que tú y yo sabemos que la práctica es diferente.

Se avecinan tiempos de cambio, en todos los sentidos la verdad. En el profesional y en el familiar. Y parece que todas las bases de mi existencia empiezan a tambalear, parece que no piso en tierra firme, y me mareo.  Sí, lo puedes llamar miedo, canguelo. Mi pareja me mira y me dice: “¿te busco un pañal?” y no me vendría mal, estoy cagada.

¿Reconoces esa situación de tener ganas de enfrentarte a un reto, pero paralizarte por el miedo que ese reto te produce? No es sólo que cambie de trabajo. Eso sería asumible. Es todo lo que va a implicar: menos rato con los niños, menos rato con mi pareja, menos rato para mí, más cansancio, más stres,…

No te voy a negar que cuando pienso en mi nueva jornada laboral me siento mala madre. Yo que decía a diestro y siniestro que nunca les dejaría en comedor mientras pudiese, me encuentro ahora replanteándomelo. Qué ricas están mis palabras, porque ahora me las tengo que comer con patatas.

Yo, con lo mal que llevo el cansancio, que si estoy muy cansada no como, ni hablo, solo gruño, no me aguanto ni a mi, ni a nadie.

Yo, que he presumido y dado consejos sobre lo bueno que es sacar un ratito para ti, mirar al cielo, sonreir a los pajaritos, mirar la forma de las nubes, meditar, escribir, pensarte a ti misma. ¿Ahora cómo lo hago? Si estoy cansada no puedo.

No antes no te mentí, antes era verdad, y ahora también. Ahora creo que va a ser más difícil hacerlo todo. O igual no, quién sabe. Tú y yo sabemos que la práctica es diferente.

Un abrazo,

Judith.

CREATIVIDAD

CREATIVIDA

 

Si te pregunto si te consideras una persona creativa, ¿cuál sería tu respuesta? La mayoría de la gente me responde que no es creativa. Me dan una respuesta clara y rotunda que no deja lugar a dudas.

Si no te dedicas a la pintura, a la escultura, a componer canciones, a inventar coreografías, o a cualquier otra cosa relacionada con las artes, es poco habitual que te definas como creativa.

Hemos limitado mucho el concepto ce creatividad. Lo hemos relacionado tanto con el arte que solo lo referente a ella nos parece creativo. El arte es una forma de expresar nuestra creatividad y hay muchas más.

Creativa es aquella persona capaz de buscar varias soluciones a un problema, aunque no todas funcionen.

Creativa es aquella persona que con las sobras del día anterior es capaz de elaborar el menú de ese día.

Creativa es aquella persona capaz de entretener a sus hijos una tarde de lluvia encerrados en casa.

Creativa es aquella persona capaz de llegar a fin de mes con el sueldo mínimo.

Creativa es aquella persona capaz de buscarse la vida cuando se encuentra ante dificultades.

Creativa es aquella persona capaz de amueblar una habitación con todo lo necesario por muy pequeña que sea.

Creativa es aquella persona capaz de cuadrar su agenda llena de actividades con el horario de sus hijos.

Creativa es aquella persona capaz de….

Podría continuar con el listado pero, por no alargar más esta entrada, prefiero preguntarte de nuevo: ¿Te consideras una persona creativa?

Texto: Raquel Reguero